El 12 de agosto de 1990 aterriza en el aeropuerto de La Habana, previa escala en Canadá, un vuelo procedente de España. El gobierno castrista lo recibe en el pabellón de autoridades. Como a los jefes de estado. A bordo viajan 25 de los héroes de Madrid que se han rebelado contra el gobierno de España. La orden de que se les de asilo político viene directamente de Fidel Castro.

Esta es la historia de Cerro Belmonte, un barrio de Madrid que un verano proclamó la independencia y se convirtió en reino sin rey. Sus vecinos se rebelaron contra unas expropiaciones del Ayuntamiento que lideraba Agustín Rodríguez Sahagún. Y lo hicieron a lo grande. Antes, mucho antes de que Puigdemont llegase a la Generalitat, unos madrileños sacaron las urnas a la calle, votaron y se independizaron. Diseñaron una bandera, compusieron un himno, redactaron una constitución y emitieron moneda propia. Incluso elevaron a la ONU una petición de reconocimiento de soberanía.El proceso independentista de Cerro Belmonte estuvo estructurado en dos fases: la petición de asilo político a Cuba y la proclamación de independencia previo referéndum.

1. LA PETICIÓN DE ASILO POLÍTICO A CUBA. Cerro Belmonte era un barrio del distrito de Valdezarza (Madrid) que albergaba a unas 250 personas.Estaba limitado por la autopista de Sinesio Delgado y lindaba por un parte con la calle Villaamil y con la zona de Peña Chica por la otra. Un barrio de casas bajas y personas mayores. Un pequeño pueblo dentro de una gran ciudad.

En 1990, en la España preolímpica, el sector de la construcción estaba desatado. El Ayuntamiento incluyó a Cerro Belmonte y sus alrededores en un nuevo plan urbanístico. Eso significaba expropiar a unos vecinos que no se querían marchar de allí porque contaban con casas amplias y patios. La administración, además, fijó el precio de la expropiación en 5.018 pesetas el metro cuadrado. Una cantidad irrisoria que enfadó a los propietarios. Les echaban de sus casas contra su voluntad y por cuatro duros. Por si fuera poco, para realojarlos les proponían zonas como Vallecas o Villaverde, muy lejos de su barrio.

Ficha nacional de Cerro Belmonte, con datos, mapa y bandera

Ficha nacional de Cerro Belmonte, con datos, mapa y banderaMarina López

Entre los afectados se encontraban los padres de una abogada que se convirtió en el auténtico cerebro de la protesta. Y que acabó tan desengañada con la experiencia que ahora, para participar en el reportaje, pone como única condición que se utilice su nombre en el texto. ¿Por qué no, si es relativamente fácil encontrarlo por internet o en recortes de prensa?: “Porque acabé tan quemada y escarmentada con todo, que no quiero que mi nombre vuelva a aparecer en prensa. Aquello me labró enemigos muy potentes que me han hecho la vida imposible”.

La cuestión es que fue ella la que empezó a espolear a los vecinos para que se elevase el tono de las protestas. De consultas al Ayuntamiento pasaron a manifestaciones cada vez más ruidosas.

Conflicto entre Cuba y España

En verano de 1990, una de las noticias de portada en la prensa española era el conflicto diplomático que mantenía Cuba con España. El 17 de julio, los vecinos de Cerro Belmonte venían de manifestarse contra la expropiación que ordenaba el Ayuntamiento de Agustín Rodríguez Sahagún. Se plantaron en la puerta del Consistorio con amenazantes pancartas contra el alcalde, del tipo “Sagun, te vas a ver como el vetun para sacarnos” (“Sahagún, te vas a ver como el betún para sacarnos”).

Así era Cerro Belmonte en la época en la que declaró su independencia de España

Así era Cerro Belmonte en la época en la que declaró su independencia de España

Como el Ayuntamiento seguía negándose a negociar, a la abogada se le ocurrió una brillante idea: pedir ayuda al enemigo. Ella y varios vecinos fueron a la embajada cubana en Madrid a entregar una carta pidiendo asilo político al régimen castrista. “Aquello no pretendía ser más que un acto simbólico”, jura la abogada. Pero se les acabó yendo de las manos.

Los funcionarios de la embajada eran reticentes a coger la carta. Al final la recepcionaron, con miedo y por compromiso. La abogada y los vecinos volvieron a sus casas decepcionados. “A las tres de la madrugada del día siguiente recibí una llamada en casa. Eran de la Embajada de Cuba. Me dijeron que pasaría un coche a por mí enseguida”, recuerda la letrada, que reconoce el miedo que pasó aquella noche. A los pocos minutos vino un taxi a recogerla y se la llevó.

Música caribeña por si hay micros

“Al llegar a la embajada cubana me metieron en un cuartito con dos personas y una radio con música caribeña a todo volumen. Decían que había que hablar así por si había micrófonos ocultos. Yo no entendía nada”. Le preguntaron que cuántos de los vecinos se irían a vivir a Cuba. Sería un golpe de efecto para el régimen castrista, que esos días veía como unos disidentes cubanos acaparaban toda la atención mediática al protestando contra Fidel con un encierro. Unos españoles mudándose a Cuba se antojaba un contraataque propagandístico perfecto para Castro.

La abogada les reconoció entonces que aquello de pedir asilo político había sido una especie de maniobra de marketing y visibilidad para negociar unas expropiaciones. Que en un principio nadie en el barrio tenía pensado irse a vivir a Cuba. “A lo pocos minutos sintonizaron un canal de radio. Era un discurso de Fidel Castro”. En uno de aquellos speech tan breves que se marcaba el dictador, le dedicó 45 minutos de su discurso (de 4 horas) al barrio de Cerro Belmonte. Hablaba de la opresión del gobierno español, de revolución, de la lucha de los vecinos, de héroes… 

Los 25 de La Habana

Al final, la abogada negoció. A vivir no, pero a visitar Cuba sí que se comprometía que iban a ir los vecinos de Cerro Belmonte, siempre y cuando los gastos del viaje y la manutención corriesen a cargo de Cuba. No hubo problema. Castro compró 25 pasajes para que los rebeldes de Cerro Belmonte visitasen la isla de la revolución.

La prensa cubana hablaba de Cerro Belmonte y el diario ABC se hacía eco

La prensa cubana hablaba de Cerro Belmonte y el diario ABC se hacía eco

A los pocos días se celebró un sorteo en el barrio que determinó qué personas viajarían a Cuba. La rifa dejó un resultado heterogéneo: “Desde un anciano que tendría como 80 años y que había servido en la División Azul, hasta una niña de 10 años” recuerda la abogada. Así hasta un total de 25 vecinos. Principalmente de avanzada edad, porque Cerro Belmonte era una zona en la que residían muchos ancianos. El viaje más largo que había hecho la mayoría hasta entonces era a la Puerta del Sol. “Parecíamos una excurisón del IMSERSO”, rememora la abogada.

“Fuimos a La Habana a mediados de agosto, para coincidir con el cumpleaños de Fidel, que era el día 13. Allí nos recibieron con honores de estado. Al llegar nos tenían preparados unos obsequios: un puro habano para los hombres y una especie de estambre para las mujeres. Los vecinos veían aquello y cuando recibían el regalo se volvían a poner a la cola. Uno de los funcionarios que nos recibió me acabó preguntando: “Oigan, ¿ustedes cuántos han venido? Porque tenemos apuntadas 25 personas pero hemos dado ya más de 60 regalos”. Ahí ya vi que no iba a ser un viaje fácil”, recuerda la abogada.

De la División Azul a la Revolución Castrista

Hubo muchos contratiempos durante los 7 días de estancia de los cerrobelmonteños en Cuba. Al entrar en dependencias oficiales, lo primero que vieron fue un cuadro de Raúl Castro. El anciano que había servido en la División Azul lo confundió con Hitler y se vino arriba: empezó a levantar la mano, a hacer saludos nazis y a gritar “Viva Hitler, Viva Franco. Esta gente sí que sabe”.

Ese mismo vecino, llamado Paco, protagonizó uno de los sustos del viaje. Una mañana lo esperaban para desayunar, pero el anciano divisionario no aparecía. Pasaron las horas, lo llamaban al teléfono de la habitación pero no contestaba. La expedición española se temía lo peor. Un hombre tan mayor, solo… Cuando empezaban a temer lo peor y a calcular cuánto costaba repatriar un cadáver a España, el divisionario apareció en el hotel con una jinetera agarrada de cada brazo.

Peligro de muerte en Varadero

Los vecinos visitaron la isla antes de entrevistarse con Fidel. Los llevaron a las espectaculares playas de Varadero acompañados por un guía muy delgado que se llamaba Orestes Aldama, pero al que todos los madrileños llamaban ‘Pepe’ porque no se aprendieron el nombre. “Una vecina que pesaba más de 100 kilos se metió en el agua y tuvo un percance, casi se ahoga. Pepe, el guía delgado, se metió en en al mar a salvarla. Salieron de allí los dos con vida, pero al que le tuvieron que acabar haciendo la respiración boca a boca fue al pobre Pepe; le costó muchísimo sacarla”, cuenta la abogada.

Fidel Castro recibió a los vecinos rebeldes de Cerro Belmonte que le pidieron asilo político

Fidel Castro recibió a los vecinos rebeldes de Cerro Belmonte que le pidieron asilo político

Para matar el tiempo mientras estaban en el hotel, los vecinos se llamaban los unos a los otros por el teléfono de la habitación, imitando el acento cubano que les hacía mucha gracia. “La niña de 10 años se quedaba conmigo en la habitación. A ella le gustaba coger siempre el teléfono y contestar a las burlas. Una vez vi que atendía el teléfono, mandaba a la mierda literalmente al interlocutor, como era habitual en esas bromas, colgaba y se reía”, recuerda la abogada. El problema fue que esa llamada en concreto era de Fidel Castro. “Cuando bajamos a recepción nos estaban esperando allí los periodistas del Granma, el periódico del régimen, para preguntarnos qué nos había dicho el comandante, porque todos estaban avisados de que me iba a llamar. Yo no sabía ni qué explicarles”.

Fidel Castro los recibe

Fidel Castro no se lo tomó mal, porque los recibió en el Palacio de la Revolución sin el más mínimo rencor. “Un palacio precioso para el hambre que estaban pasando en su pueblo”, cuenta uno de los vecinos. Castro estuvo allí atento con todos los cerrobelmonteños. Les regaló puros, libros y se hizo fotos con ellos.

Finalmente, Castro no logró convencer a ningún vecino para que se quedase a vivir en el paraíso revolucionario. Les ofreció casas y trabajo, pero los madrileños vieron demasiada miseria en la isla. “Creo que, después de las que liamos, ellos tampoco querían que nos quedásemos. Nunca fueron tan felices los cubanos como cuando nos despidieron”, relata la abogada.

Los rebeldes prefirieron volver a Madrid; tenían que desarrollar la otra parte del proceso independentista de Cerro Belmonte: el referéndum para proclamar la independencia.

2. REFERÉNDUM E INDEPENDENCIA

Los vecinos habían adquirido protagonismo con su viaje a Cuba. Casi todos los medios de España se habían hecho eco del desafío independentista a España y de la respuesta de Cuba. “El diario Egin nos llamaba a menudo, nos entrevistaba en su canal de radio. A ellos les interesaba tener gente en Madrid que pidiese la independencia, pero nosotros les repetíamos que nuestra lucha no tenía nada que ver con la suya, que nosotros nos volveríamos a España cuando estuviese todo resuelto”.

Los vecinos de Cerro Belmonte, bajo su nueva bandera con la estrella expropiada a Madrid

Los vecinos de Cerro Belmonte, bajo su nueva bandera con la estrella expropiada a Madrid

La presión mediática no fue suficiente y el Ayuntamiento seguía enrocado en sus expropiaciones a 5.018 pesetas el metro cuadrado. Por ese motivo, los vecinos se vieron forzados a tomar la más drástica de las decisiones: se independizarían.Los vecinos votarían de forma libre y soberana, y el resultado sería vinculante.

La independencia gana por paliza

El referéndum se celebró la primera semana de septiembre en casa de ‘La Desi’. Es decir, de Desideria Becerril, una de las vecinas más ancianas del barrio. Las urnas eran de cartón y se montaron en un momento; no hubiera dado tiempo a que ningún cuerpo policial las incautase. “Las papeletas las hice yo a mano. Pero ya han pasado más de 25 años y el delito ha prescrito”, bromea la abogada.

El censo electoral de Cerro Belmonte y aledaños era de 214 personas. En el referéndum salió independencia con un resultado de 212 a 2. Los disidentes fueron dos vecinos mayores que no acababan de ver claro aquello de montarse un país por su cuenta. Pero respetaron la voluntad democrática del barrio y así se constituyó el Reino de Cerro Belmonte: “Era un reino sin rey. Le pusimos reino porque fue el nombre que más le gustó a la gente”, puntualiza la abogada. El nuevo reino aglutinaba también el Principado de Villaamil y el Condado de Peña Chica.

Primera hoja de la Constitución de Cerro Belmonte, aprobada tras referéndum en septiembre del 90.

Primera hoja de la Constitución de Cerro Belmonte, aprobada tras referéndum en septiembre del 90.Justina García

Los vecinos cerraron fronteras con unas vallas de obra, cortaron la circulación en las calles principales y montaron tiendas de campaña en el campo de fútbol, donde de día hacían guardia los niños y de noche los mayores. “En aquel entonces se empezaban a poner de moda las acampadas reivindicativas, como la que pedía que España diese el 0,7 del presupuesto a los países pobres, que era la campaña de moda aquellos días”, indica la abogada.

¿Cómo actuó la policía ante el cierre de las fronteras? Como Cerro Belmonte no tiene mar, no fue viable enviar un barco con el dibujo de Piolín, como ha mandado el gobierno español ahora a Barcelona. Los que intervinieron en aquel momento fueron los agentes de la Policía Municipal. “Se lo tomaron muy bien y se solidarizaron con los ancianos. Las concentraciones en las calles cortadas empezaban por la mañana; si había algún vecino que se dormía, la misma policía le recordaba que tenía que ir a cortar el tráfico. Si lo vecinos llevaban churros, ellos traían el chocolate”, explican vecinos del barrio.

Una bandera expropiada a Madrid

Durante la semana de la independencia, en Cerro Belmonte trabajaron duro para dotar al nuevo país de elementos de identidad propia. Lo primero que hicieron fue diseñar una bandera. Decidieron expropiar una de las estrellas de la bandera de Madrid y llevársela con ellos. Así nació la bandera de Cerro, que son tres franjas horizontales, roja, blanca y roja, con un triángulo blanco en un lado, como la de Cuba o la Estelada. Y en el centro, la estrella que le robaron a Madrid. Tan en serio se lo tomaron que presentaron una instancia en la Comunidad, exigiendo que quitasen una de las siete estrellas de la bandera madrileña, porque se la habían llevado ellos.

El diseñador de la bandera fue Gregorio Bravo, el hijo de la Desi. Era delineante y, en los 90, cuando aún no había herramientas on-line para dibujar, él ya disponía de recursos para diseñar banderas. “Creo que la tela la cedió mi vecino el heavy”, recuerda David, uno de los vecinos que en aquella época no era más que un adolescente.

Un belmonteño = 5.018 pesetas

Goyo, el diseñador de la bandera, también fue el encargado de emitir la moneda. Creó una divisa llamada belmonteño. Cada billete valía 5.018 pesetas, que era el precio que el Ayuntamiento le quería pagar a los vecinos por metro cuadrado. El billete estaba impreso en papel normal, nada de papel moneda. Tenía dibujado el mapa del barrio por una cara y la estrella expropiada a Madrid por la otra.

Y como colofón, la Constitución.Fue redactada, cómo no, por el mismo que diseñó la bandera y los billetes. Se aprobó el 12 de septiembre de 1990. Tal vez sea la única constitución en el mundo que, en su artículo primero, aboga por la FELICIDAD (en mayúsculas en el documento original) de sus habitantes. También concedía asilo político a todas las personas que se considerasen maltratadas por el Ayuntamiento de Madrid.

¿Cómo se sostendría la economía del país? Los vecinos lo tuvieron claro desde el primer momento: el barrio estaba limitado por un extremo por la autopista de la calle Sinesio Delgado. Instalando un peaje ahí, los ingresos entrarían a espuertas. Esa es una similitud que sí que guarda Cerro Belmonte con Cataluña.

Se presenta el himno

Todos estos símbolos se presentaron el sábado por la noche, cuando se celebró la gran fiesta por la independencia en el campo de fútbol, entre tiendas de campaña, vallas de obra y niños que estaban pasando el mejor verano de sus vidas.

A la fiesta de esa noche no faltó un solo vecino. Ni siquiera los dos que votaron en contra de la independencia. Los invitados de honor fueron los funcionarios de la embajada de Cuba en Madrid, los mismos que les gestionaron el viaje a La Habana. Nadie quería perderse uno de los momentos más emotivos de la noche: la presentación del himno de Cerro Belmonte.

El himno lo compuso el grupo Kaduka2000que eran unos punkis que vivían en el barrio y habían montado una banda. Ofrecieron un concierto gratuito al que llevaron como público a todos sus colegas: un montón de heavys y punks que no dejaban de beber sangría y fumar porros. A los ancianos de Cerro Belmonte no les escandalizó aquel intenso aroma en el ambiente. A fin de cuentas, todos eran patriotas que estaban allí para escuchar su nuevo himno, el que les tendría que poner la mano al corazón y el vello de punta.

¿Les impresionó a ustedes ver a un millón de personas cantando el himno de Cataluña en Barcelona con motivo de la Diada? Pues ahora imaginen a 300 madrileños en un campito de fútbol con tiendas de campaña, cantando a pleno pulmón: “Queremos pan, queremos vino, queremos al alcalde ‘colgao’ de un pino”. Esa fue la letra que escogieron Kaduka2000 para ilustrar la represión que sufrían los cerrobelmonteños. Es una adaptación de una tonada tradicional, pero ellos la reivindican como propia: “Se la inventaron los punkis. Yo no había escuchado eso en mi vida”, asegura la abogada. Muchos recuerdan que de aquel fiestón salieron sensiblemente perjudicados por la sangría los funcionarios de la Embajada de Cuba.

De la fiesta de la independencia a la BBC

La fiesta fue un éxito, no sólo de asistencia si no repercusión. Empezó a correr como la pólvora que aquellos rebeldes madrileños se habían independizado y comenzaron a reclamarlos medios de todo el mundo. El Times Magazine les dedicó un amplio reportaje. Der Spiegel de Alemania les dio una página entera y la BBC les entrevistó en el programa “Wicked world”. El diario Egin los sacaba en portada y los medios españoles los llevaban a los programas matinales. Cada día recibían llamadas de personas en el extranjero que se ofrecían para ser cónsules de Cerro Belmonte y llevar así las relaciones diplomáticas exteriores.

Euforia en Cero Belmonte: el Ayuntamiento reculó y anuló las expropiaciones

Euforia en Cero Belmonte: el Ayuntamiento reculó y anuló las expropiaciones

La ultima medida adoptada por los cerrobelmonteños fue dirigirse a la ONU para que reconociesen la independencia del nuevo estado. Pero no hizo falta seguir con el plan. Finalmente, el Ayuntamiento se dio por enterado. La repercusión mediática aconsejaba sofocar el conflicto con diálogo. Unos emisarios del Ayuntamiento de Madrid se pusieron en contacto con los vecinos a finales de septiembre para comunicarles la rendición del Ayuntamiento: Cerro Belmonte había ganado.

El barrio salía de aquel plan urbanístico y las expropiaciones quedaban sin efecto. La zona se incluiría en el siguiente plan, lo que daba tiempo a los vecinos a negociar de forma individual sus terrenos con constructoras privadas, consiguiendo unas cotizaciones mucho mejores. Además, el realojo de los vecinos se hizo en pisos nuevos del mismo barrio o alrededores, no en Vallecas y Villaverde como estaba previsto. El gobierno de Cerro Belmonte y aledaños, por su parte, derogó la independencia y volvió a unirse a España. 

¿Final feliz?

¿Al final todos contentos? Todos no. La abogada acabó desengañada incluso con los propios vecinos: “Cuando se anuló la expropiación se perdió el espíritu de unión. Se vieron muchas miserias. Cada uno empezó a negociar por su cuenta y hubo muchas discusiones y episodios muy feos”. La letrada acabó rompiendo fotos, billetes, papeletas y todo lo relacionado con el Caso Cerro Belmonte. “Apenas queda documentación gráfica de aquello. Tiré como 3 kilos de papel, no quise saber nada más de aquel tema”, asegura. Y por eso, aunque sea muy fácil encontrar su nombre, no quiere que salga en el reportaje.

Los vecinos de Cerro Belmonte inmortalizan el día que se mudan de sus casas para irse a los nuevos pisos

Los vecinos de Cerro Belmonte inmortalizan el día que se mudan de sus casas para irse a los nuevos pisos

Actualmente, Cerro Belmonte es una zona de pisos nuevos en plena expansión. Un puente les permite atravesar por encima la autopista Sinesio Delgado, aquella en la que querían meter un peaje. En esa pasarela hay una pintada que habla de “los mártires del pueblo”. Seguro que no se refiere a aquellos rebeldes, porque en aquel proceso no murió nadie. Fueron mártires sin muerte, en un reino sin rey que se independizó y le robó una estrella a Madrid. De aquel país con un himno punki ya no quedan apenas ni fotos. Pero cuenta la leyenda que, en las noches de verano, por el puente de la autopìsta, se oyen voces de ultratumba que cantan aquello de: “Queremos pan, queremos vino, queremos al alcalde colgao de un pino”.

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MapaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa larga frontera trazada por Cyril Radcliffe generó uno de los mayores éxodos de la historia y ahondó la violencia religiosa.

Cinco semanas. Ese fue el tiempo que le dieron las autoridades británicas al abogado Cyril Radcliffe para que trazara una de las fronteras más polémicas de la historia: la división entre India y Pakistán.

Este año se cumplen 70 años de aquella partición, que sigue siendo un foco de tensión entre los vecinos asiáticos.

Todo comenzó al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando el Reino Unido le dio la independencia a India, su excolonia.

También aceptó las demandas para crear una nación separada para los musulmanes de esa región.

http://emp.bbc.com/emp/SMPj/2.12.14/iframe.html

Cómo se hizo la traumática división de India y Pakistán hace 70 años

Fue así que el 15 de agosto de 1947 nacieron India, de mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría musulmana.

Millones de personas salieron a celebrar ese día, a pesar de que aún no se habían establecido las fronteras de ambos países.

Radcliffe, quien había sido nombrado presidente de la Comisión de Límites, recién dio a conocer su trazado un par de días después de la independencia.

Cyril RadcliffeDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionRadcliffe nunca había visitado India antes de aceptar trazar su nueva frontera con Pakistán.

Sangriento

Muchos tuvieron una desagradable sorpresa. Comunidades enteras que durante siglos habían convivido -aunque a veces con violencia- decidieron mudarse.

Se estima que más de 12 millones de personas atravesaron la línea que trazó Radcliffe en busca de un nuevo hogar, en lo que es recordada como una de las migraciones más grandes y más mortíferas de todos los tiempos.

La frontera que trazó Radcliffe se extiende por 2.900 kilómetros y aún hoy sigue siendo motivo de polémica.

La principal controversia en 1947 fue en torno a dos provincias con cantidades similares de pobladores musulmanes y no musulmanes: Bengala, en el este, y Punjab, en el oeste.

Radcliffe debió decidir cómo partir esas provincias, que estallaron en un conflicto religioso que dejó cientos de miles de muertos.

Mapa de la frontera original de 1947Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEsta fue la línea que trazó la Comisón de Límites, liderada por Radcliffe, hace 70 años.

Primer viaje a India

Radcliffe nunca había estado en la India británica cuando aceptó liderar la Comisión de Límites. Según sus críticos, tampoco entendía la cultura social o política de ese país.

Llegó a India el 8 de julio, apenas un mes antes de que se declarara la independencia de esa nación.

En su poema “Partition” de 1966 -dedicada a la tarea de Radcliffe en India- el escritor británico W. H. Auden consideró: “Al menos era imparcial cuando llegó a su misión, Ya que nunca había visto esa tierra antes de hacer su partición”.

Aparte de la falta de tiempo, su tarea se vio aún más complicada por el hecho de que los mapas en los que se basó estaban desactualizadosLos censos que usó también eran inexactos.

Y debió apoyarse en consejeros -dos jueces musulmanes y dos hindúes- que no lograban ponerse de acuerdo entre sí.

Tren dejando Delhi en 1947Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionMusulmanes de Delhi se mudan a Pakistán en 1947.

El secreto de Lahore

Años después de haber concluido su trabajo, Radcliffe reveló un dato histórico muy significativo.

Contó que en su trazado original le había dado la ciudad de Lahore, en la provincia de Punjab, a India.

“Luego me di cuenta de que Pakistán no tendría ninguna ciudad grande, y ya había reservado Calcuta (en Bengala) para India”, le dijo en 1971 al periodista Kuldip Nayar, autor del libro Scoop, Inside Stories from Partition to the Present (“Exclusiva, historias desde la partición hasta el presente”).

Hoy Lahore es la segunda ciudad más poblada de Pakistán.

Sikhs en un campo de refugiados en 1947Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl conflicto también afectó a la comunidad sikh, que optó por quedarse en India.

El adiós definitivo

Radcliffe se fue de India apenas concluyó su tarea, quemando todas sus notas antes de partir.

Jamás volvió a visitar India o Pakistán.

Sabía lo que pensaban de él los locales. “Habrá 80 millones de personas con quejas, buscándome”, señaló. “No quiero que me encuentren”.

A su regreso a Londres se lo nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico.

Algunas versiones indican que se rehusó a cobrar las 3.000 libras esterlinas (hoy cerca de US$4.000) que el gobierno le ofreció por su trabajo.

Cyril RadcliffeDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionRadcliffe nunca regresó a India o Pakistán, ni recorrió la frontera que él creó.

En su entrevista con Nayar, Radcliffe fue consultado sobre si había quedado satisfecho con la frontera que trazó.

No tuve alternativa“, respondió “El tiempo que me dieron fue tan breve que no fue posible hacer un mejor trabajo”.

No obstante, reconoció que “si me hubieran dado 2 a 3 años, quizás hubiera podido hacer algunas mejoras”.

Se estima que entre 500.000 y un millón de personas murieron como consecuencia de la violencia religiosa que se desató tras la partición de India y Pakistán.

Y, 70 años después, la “Línea Radcliffe” -como la llaman muchos- sigue generando peleas entre ambos países.

Profesión : Gitano en Graná.

Publicado: agosto 3, 2017 en Uncategorized


Aquellos que visiten la Alhambra están destinados a encontrar, casi siempre dando vueltas entre la Torre de la Justicia y el Palacio de Carlos V, al ‘príncipe de los gitanos’ (según reza su tarjeta de visita)”. Así lo observaba uno de aquellos viajeros extranjeros de finales del XIX y comienzos del XX que universalizaron las hasta entonces domésticas tradiciones de la España más profunda y a algunos de los disparatados personajes que la habitaban.

LA SENTENCIA CORRESPONDE AL ESCRITOR GALÉS LEONARD WILLIAMS, QUIEN RECOGIERA EN SU LIBRO GRANADA (1906)

Las experiencias vividas en sus viajes por la provincia durante veinte años. Y la mención a aquel príncipe de los gitanos, cuya tarjeta de visita dice exactamente “Príncipe de los jitanos. Modelo de Fortuny”, alude a Mariano Fernández Santiago. Conocido por todos como Chorrojumo.
La imagen de Chorrojumo se había convertido ya en emblemática entre quienes visitaban Granada unas décadas antes de que Williams lo difundiera aún más en su exitoso libro. Y fue así porque el mismo Fernández Santiago supo ser el mejor director de marketing de sí mismo y entendió el beneficio que podía cosechar merced a su físico, a su vestimenta, y por qué no, a su carisma. En un tiempo en el que el Romanticismo había hecho de España uno de los países más sugerentes por su exotismo entre los foráneos, en tanto que los intelectuales podían encontrar en ella personajes y formas de vida aún no contaminadas por las modas europeas y las innovaciones de la Revolución Industrial, el mundo gitano se trata como uno de los más representativos de esa vida tradicional apasionada, aún no emponzoñada por la modernidad. Y Chorrojumo personificaba muy bien esa tradición… y además era listo y sabía aprovecharse de ella.
Nacido alrededor de 1824 y padre de seis hijos, parece que el mito de Chorrojumo germinó cuando ya estaba crecidito nuestro protagonista.
Y en su popularidad mucho tuvo que ver uno de los pintores más estimados del XIX patrio: Mariano Fortuny. Andaba en 1868 el célebre artista disfrutando con su esposa de su viaje de novios, admirando las peculiaridades del Sacromonte, el tradicional barrio en el que tenían su residencia buena parte de los habitantes de etnia gitana de Granada. Sensible a las escenas potencialmente pictóricas, Fortuny quedó admirado viendo cantar a tres gitanos que golpeaban el yunque con sus martillos. Uno de ellos le llamó la atención por su piel especialmente ennegrecida. El pintor le propuso hacerle un retrato, no sin antes vestirlo con ropajes de corte folclórico: unas polainas, una camisa de chorreras y un sombrero alto; había nacido el mito del Chorrojumo, el gitano del Sacromonte que todo visitante, en los albores del turismo, iba a querer conocer.
El trabajo en la fragua había de ser bastante fatigoso, y Mariano Fernández, al abrigo de esta naciente fama, vislumbró una manera menos laboriosa de sacarse unas perras. Ataviado con su camisa, su chaleco y su sombrero, engalanado su rostro por unas inmensas patillas, cambió la fragua por los aledaños de la Alhambra, y se acompañó por una bolsa con postales con su fotografía y el lema antes comentado: “Príncipe de los jitanos. Modelo de Fortuny”. Los viajeros bohemios y románticos, ávidos de ese extravagante folclore, de rememorar su viaje al regreso a su lejano hogar con recuerdos que parecían venir de un mundo muy extraño, no tardaron en fomentar el negocio que empezaba a vislumbrar Chorrojumo.
Pronto comprendió el antiguo herrero que su porte, su tez intensamente morena y su temperamento eran en sí mismo una oportunidad de lucro. Y comenzó a cobrar a los turistas por fotografi arse con él. Tal fue el éxito de su iniciativa que Chorrojumo decidió ir un poco más allá. El gitano fascinaba a los viajeros, probablemente a muchos les sabía a poco ese mínimo instante que los inmortalizaba juntos.
¡Qué mejor que un gitano de pura cepa, un granadino de alcurnia y tradición, como guía del monumento de la ciudad por excelencia!
Y su picaresca continuó sacando dinero a manos llenas a los visitantes sin ser especialmente escrupuloso con la verdad de sus explicaciones sobre la Alhambra. Es más, buena parte de las descripciones históricas y legendarias que daba en sus pasos por la fortaleza roja provenían de las escritas por el exitoso escritor norteamericano Washington Irving en sus Cuentos de la Alhambra.
La fama de Chorrojumo crecía y se hacía llamar indistintamente “príncipe de los gitanos” y “rey de los gitanos”. Hasta el punto se extendió su fi gura que incluso algunos viajeros acudían a la ciudad con el objeto principal de conocerlo. Chorrojumo era en cierto modo una imagen de marca de la ciudad, una atracción turística más de Granada. No tardaron en salirle imitadores que intentaban vivir a la manera a la que lo había conseguido Mariano. Su fi gura fue creciendo en vida y no cejó de hacerlo tras su muerte. Los diarios lloraron su defunción en obituarios respetuosos: “En Granada ha fallecido un gitano, cuya popularidad traspasó la frontera y le dio a conocer en el extranjero, especialmente en Inglaterra”, escribió La Época el 14 de diciembre de 1906. Su peculiar estilo, su visión adelantada de las posibilidades del turismo, su componente folclórico, hicieron del “príncipe de los gitanos”, del extravagante gitano inmortalizado por Fortuny, una figura perenne en el imaginario colectivo de la ciudad de la Alhambra. Hoy una estatua en la entrada del barrio de Sacromonte lo recuerda como el referente de una época en la que el romanticismo, la curiosidad y su anticipación vital lo dejaron vivo para siempre.

 Historia de Iberia Vieja.

SANGAKU…Matemática Sagrada.

Publicado: agosto 3, 2017 en Uncategorized

El Sintoísmo es el nombre que recibe la religión tradicional japonesa y aquella que tiene más seguidores en el país del sol naciente (después del budismo japonés). Se basa en la veneración a los Kami (espíritus de la naturaleza), en la observancia de estrictas reglas familiares  y el respeto a la tradición.
Una de las tradiciones más importantes del Sintoísmo es colocar pequeñas tablillas con inscripciones en la puerta de los templos, destinadas a complacer a los dioses. Durante el periodo Edo (dos siglos en los cuales la isla superó sus divisiones internas, se aisló del resto del mundo y vivió bajo el mandato del Shogun) esta tradición no hizo sino volverse más popular, pero además de las “ofrendas” en forma de tablilla surgió una curiosa variante: los Sangaku.

Los Sangaku consisten en problemas de lógica matemática inscritos en las tablillas. Cada uno de ellos tiene un autor específico, el cual firma el problema y lo deja en el templo.

Pero no se trata de una ofrenda o un ritual religioso. En este periodo los templos eran seguramente el lugar de mayor tránsito de la región, por lo que el objetivo de las tablillas realmente era llegar a la mayor cantidad de personas posibles. Cualquiera, desde un Samurái (un señor feudal) hasta el más humilde campesino, podía tomar la tablilla y sentarse a tratar de resolver el problema.
Así, las matemáticas en Japón se convirtieron en una especie de “tradición popular”. Debido al aislamiento no había muchas novedades en la sociedad, por lo que muchos se dedicaban en lleno a resolver estos problemas, lo que se vino a convertir en una “gimnasia para el alma”.
Si bien la mayor parte de los problemas son bastante sencillos, algunos involucran nociones bastante avanzadas. Sin embargo, por lo general se trata de problemas de geometría euclidiana que tienen una solución relativamente fácil, por lo que sirvió para incrementar el interés de la población en estos problemas.
Pero lo que es aún más interesante: los problemas matemáticos propuestos en las tablillas fueron origen de algunos de los primeros teoremas matemáticos japoneses. Por ejemplo, los dos teoremas de Mikami-Kobayashi, el primero de los cuales también llamado Primer Teorema Japonés, fueron producto de los Sangaku.
Lamentablemente, con la Restauración de mediados del siglo XIX muchas de las antiguas tablillas (algunas de las cuales tenían varios siglos de antigüedad) se perdieron, y en la actualidad solo quedan unas 900. Sin embargo, son suficientes para recordarnos de lo particular de la sociedad japonesa y de su curioso amor por las matemáticas.

Publicado: julio 25, 2017 en Uncategorized

El cuaderno de Marie Curie que, aún hoy, puede matarte
Hay libros que son peligrosos. Y cuando digo peligrosos no pienso en sus ideas, en sus proclamas o en sus faltas de ortografía. Digo’peligrosos’ en sentido literal. Libros que pueden causar enfermedades, hacer daño o incluso matar a sus lectores.
Esos libros existen y algunos de ellos se guardan en lugares tan poco dados al misterio como la Biblioteca Nacional de Francia. En sus sótanos se almacenan un montón de cajas de plomo que guardan papeles, cuadernos e incluso libros de cocina. Unas cajas que componen la colección de Pierre y Marie Curie y que después de todos estos años siguen siendo peligrosamente radioactivos.
Muy radioactivos, de hecho. Tanto que los investigadores que desean acceder a esos documentos no solo deben manipularlos con ropa de protección, sino que tienen que firmar un descargo de responsabilidad.

Marie Curie no necesita presentación. Sus trabajos supusieron contribuciones fundamentales a la ciencia del siglo XX y fue la primera persona en ganar dos premios Nobel. Eso sí, lo hizo con grandes sacrificios y mucho sufrimiento.
Curie murió por anemia aplásica. Se trata de una rara enfermedad vinculada, en este caso, a la radiación. La exposición continuada acabó por destruir las líneas celulares de su médula ósea y esa falta de eritrocitos (glóbulos rojos) acabó por llevarla a la tumba.
Tanta radiación contenía su cuerpo que, para poder enterrarse en el Panteón de París (donde Francia entierra a sus figuras ilustres) y según cuentan las crónicas de la época, hubo que confeccionarle un ataúd con paredes de plomo.
Los Curie vivieron toda su vida rodeados por la radiación. En sus memorias, Curie relataba como su laboratorio se iluminaba por la noche de luces tenues color azul y verde. El laboratorio donde descubrieron el radio, a las afueras de Paris, fue utilizado hasta 1978. Luego fue abandonado.
En la década de 1980, Le Parisien empezó a publicar sobre el alto número de cánceres en el vecindario. La respuesta no fue rápida, hubo que esperar hasta 1991 para que las autoridades limpiaran el edificio y retiraran los instrumentos, libros y cuadernos para destruirlos (o almacenarlos en lugares seguros).
Así que no es extraño que los documentos de trabajo de los Curie y de sus ayudantes fueran radiactivos. No deja de ser algo curioso. Los libros antiguos, las reliquias del pasado, se suelen guardar cuidadosamente para evitar que los usuarios los dañen. En este caso es al revés, los libros se guardan para proteger a los lectores.