Ay, Heinrich Himmler! Parafraseando la canción de Burning, me pregunto… ”¿Qué hace un nazi como tú en un sitio como este? ¿Qué clase de aventuras, nene, has venido a buscar?” Hoy vamos a hablar de las aventuras de Himmler en España…

Bromas aparte, nadie duda en calificar a Adolf Hitler como el mismísimo demonio, aunque él se creyera un dios. Fue el culpable de la Segunda Guerra Mundial y del genocidio más planificado y sangriento de toda la Historia. Es decir, el Führer y su obsesión por gobernar el mundo, convirtieron a Europa (y al resto de continentes) en el infierno de Dante. Más de 50 millones de muertos, que se dice pronto.

Pues Heinrich Himmler fue su mano derecha, jefe de las temibles SS y Ministro de Interior del Reich alemán, o sea, Reichführer. Un personaje siniestro y monstruoso, cerebro del Holocaustoy responsable de fusilamientos masivos sin el mínimo dolor de conciencia. Eso sí, cariñoso con sus hijos, esposa y amante, amigo de sus amigos y, sobre todo, cumplidor del deber . ¡Un hipócrita de manual! Como todos ellos.

Heinrich Himmler: de enclenque acomplejado a defensor de la pureza biológica de la sangre alemana

Himmler, el apodado “genio del mal”, era un auténtico mediocre. De jovencito estaba acomplejado, pues era estrecho de pecho y, por más gimnasia que hacía, no consiguió nunca dar la talla. Tampoco era físicamente el estereotipo del ideal ario: pelo moreno, gafotas, ojos de mongol, mentón hundido, estatura media… enfermizo y feo.

Y su carácter tampoco le acompañaba, ya que era muy tímido, introvertido, nada carismático y misógino. Su padre era filósofo, un hombre muy culto, profesor y director de instituto. De hecho le aficionó a las Humanidades, e incluso consiguió que su hijo Heinrich destacara en las traducciones de griego y amara a lectura. Heinrich Himmler devoraba las novelas de Julio Verne…

En su entorno todo era bueno y bello. Creció en la bonita ciudad de Múnich y pasaba los veranos en Füssen, el pueblecito más romántico de Alemania. De laderas llenas de flores al pie de Los Alpes, su lago repleto de cisnes y el maravilloso castillo de Neueswanstein dominando el paisaje. Y llegó a la universidad… Heinrich Himmler se licenció en Ingeniería agrónoma.

Hasta aquí, todo en orden, pero, ¿cómo pudo un birrias como éste alcanzar tanto poder en el III Reich? ¿Cómo se llega a ser un tremendo asesino desde tanta normalidad?

“Nazis. ¡Odio a los nazis!”, como dijo Indana Jones en la peli La última cruzada

Alemania, hundida moral y económicamente tras la Primera Guerra Mundial y las indemnizaciones impuestas, necesitaba un chivo expiatorio al que echarle la culpa de sus males. Un enemigo común para unir al pueblo: los judíos. Y, a la vez, una utopía para levantar los ánimos: la supremacía de los teutones, de los arios, y su derecho a dominar el mundo. Así, el antisemitismo prendió en las masas, y Heinrich Himmler fue el artífice de esa gran fábrica de la muerte.

Su obsesión por la pureza racial fue tal, que creó una Asociación para investigar los orígenes genéticos de los arios: la Ahnenerbe. No obstante, más que científica, era una locura propia de Cuarto Milenio. En ella se afirmaba que la evolución del alemán puro, sin contaminar por los sub-humanos judíos , era diferente a la del Homo sapiens vulgar. ¡Los arios eran la leche!

La España neutral, pero con derecho a roce: Himmler en España

Pues bien, este angelito vino a España invitado por el generalísimo Franco y su cuñadísimo, Ramón Serrano Suñer, Ministro de Exteriores. Ambos, dos germanófilos y fervientes admiradores y pelotas del Reich. Así, llegó a Madrid en 1940. Justo cuatro días después del fusilamiento del Presidente de la Generalitat, Lluis Companys : la Gestapo lo detuvo en su exilio de Francia y lo entregó a la policía española. Es decir, existía una perfecta colaboración entre países fascistas.

Lo más perturbador de este garbeo de Himmler en España, por esos Madriles, fue el entusiasmo que despertó en los gerifaltes. Así, las calles lucían engalanadas con esvásticas, escudos de Falange, y banderas del bando nacional (de los rebeldes) hasta el hartazgo. Desde la Estación del Norte hasta la Avenida del Generalísimo Franco, hoy llamada Paseo de la Castellana, a Dios gracia. Es decir, aunque nos indigne, le hicimos la ola a Heinrich Himmler en España, al asesino del siglo.

Vítores en Madrid a un asesino

Los elogios a este hijo de la gran… Alemania, en el facha-periódico Arriba, eran de traca:

“CON HEINRICH HIMMLER LLEGAN A SU CÉNIT LOS ESTADOS FUERTES”, Y “HEINRICH HIMMLER ES HOY EL HUÉSPED DE LA ESPAÑA FALANGISTA, COINCIDENTE CON EL III REICH” …

Y claro, con esa relación tan afectuosa, Madrid era un nido de nazis campando a sus anchas. Contaban con su propio hospital, agencia de viajes, casa de cultura, colegios, restaurantes , etc. ¡Hasta la Gestapo tenía sede en la capital! De este modo, podían vigilar y mandar a los campos de concentración a cualquier miembro de la comunidad alemana que largara contra el Führer y su agresiva política exterior.

Y escribió el Caudillo a Hitler:

“NOSOTROS TRES, EL DUCE, USTED Y YO, ESTAMOS UNIDOS POR LA MÁS IMPLACABLE FUERZA DE LA HISTORIA” .

Como veréis, la “neutralidad” de Españadurante la Segunda Guerra Mundial era más falsa que un bolso de los chinos. Comprendo que posteriormente la ONU nos diera calabazas.

Los motivos de la visita. Franco llega tarde a Hendaya y Hitler negocia con cocaína

Básicamente, la visita de Heinrich Himmler en España fue por cuatro motivos fundamentales:

Primero, devolver la visita que un mes antes había realizado el cuñadísimo a Berlín .

Segundo, preparar el (des)encuentro entre Hitler y Franco en Hendaya.

Tercero, hallar los vínculos genéticos de los españoles con la raza aria.

Cuarto y último, llevarse del monasterio de Montserrat el Santo Grial.

Pero todo se torció. Los dictadores no se entendieron: Franco quería los territorios coloniales franceses del norte de Africa, y Hitler pedía ocupar Gibraltar para cerrar el mediterráneo a los ingleses. Pero… ¡qué yuyu da declarar la guerra a Churchill! Hitler le llamó cobarde. Yo creo que todo lo contrario, ¡hay tenerlos cuadrados para darle un plantón de ocho minutos al Führer! Y el Caudillo le dio largas y se volvió “cautillo” a la hora de negociar. Tal vez vio que Hitler llevaba farlopaen el bigote… Que a Hitler “le iba la marcha”, no es un secreto, no os echéis las manos a la cabeza.

La bella y la bestia. Himmler sufre con los toros…

Volvamos a Himmler en España y su visita turística. Para el ilustre invitado todo eran alfombras rojas, vítores, recepciones y bandas de música interpretando el himno nacional alemán . Y ya en Madrid, como muestra de cariño y orgullo patrio, no se les ocurre otra cosa que llevarle a una corrida de toros. Así, esvásticas en el cartel, en la plaza, y los toreros haciendo el saludo nazi al son del pasodoble España cañí. ¡Qué surrealista! Paradójicamente, los nazis promulgaron leyes contra el maltrato animal. Esto era un crimen, pero no matar judíos. Con esa perversión de la ética, el nazi se quedó horrorizado y consideró crueles a los españoles. ¡Hay qué fastidiarse!

La pinacoteca del Museo del Prado fue más divertida para él. A través de sus gafotas observó los cuadros y allí es donde le notaron su desprecio a todo lo cristiano. Y es que el nazismo, quería también ser una religión con tintes ocultistas. Himmler observó el Cristo crucificado de Velázquez y espetó: “¡Menudo judiazo!”.

Pero admira la belleza de la Dama de Elche

En el Museo Arqueológico se interesó especialmente por los restos de los visigodos. Estos pueblos eran de origen germánico y nos invadieron. Luego, satisfactoriamente, ¡los españoles estábamos emparentados genéticamente con los alemanes! Pero el summun de su investigación sobre el vínculo racial hispano-alemán vino de la Dama de Elche. ¡Nuestra belleza íbera no tenía rasgos semitas! ¡Menudo subidón!

En octubre, un Junkers Ju-52 de la Lufthansa, lo llevó a Barcelona. Solo le interesaba ir al Monasterio de Monserrat. Heinrich Himmler tenía la certeza de que los monjes guardaban allí el Santo Grial y lo necesitaba como talismán para ganar la guerra y dominar el mundo. Pero el abad le quitó toda la tontería: allí no estaba. Y cabreado y frustrado, soltó una perla que contradecía el insulto al Cristo de Velázquez, a saber: “Jesucristo no era judío, sino ario”… ¡Vaya paja mental!

El hundimiento

No me gusta hacer spoiler, pero esto acabó mal. Cuando iban ganando la guerra los Aliados, Hitler se suicidó en su bunker de Berlín, con un tiro en la sien . Pero antes de largarse de este mundo, convidó a cápsulas de veneno a todo quisque, incluídas su mujer y su perra. Heinrich Himmler salió huyendo disfrazado de soldado raso, con un parche en el ojo y con el bigote afeitado para pasar inadvertido y no ser capturado. Ambos fueron un par de cobardes que huyeron del barco que se hundía, como las ratas.

Al final, Himmler fue detenido y llevado a un centro de interrogatorio británico. “¡Vamos cabrón!” , le gritó el oficial para que se desnudara. Eso era humillante para Heinrich Himmler, pues el oficial debían mirar por todos los agujeros de su cuerpo y evitar que se tragara la cápsula con veneno, antes de responder y pagar por sus crímenes. Aun así, consiguió morderla: llevaba una entre los dientes. Murió en agonía, no sin antes haberle mostrado sus captores fotos de las montañas de huesos y cadáveres que se encontraron en los campos de exterminio. Fue enterrado secretamente en un bosque .

Da la casualidad de que el alférez que cavó su tumba era basurero en la vida civil. ¡Nadie mejor que él para mandar a este monstruo al basurero de la Historia!.

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