Me encontraba a solas en mi habitación cuando escuché la voz, profunda y distorsionada, que provenía de debajo de mi cama.

—Oye —llamó la voz.

Me dije a mí misma que solo la estaba imaginando.

—Oye, niña —repitió.

Me llevé las rodillas a mi pecho y agaché la cabeza por debajo de la sábana, tratando de bloquear la voz y el viento frío que soplaba desde la ventana, agitando las cortinas.

—¿Quién eres? —pregunté con voz un poco temblorosa.

—Soy el monstruo bajo tu cama.

—¿O sea que eres real?

—¿A qué te refieres? Por supuesto que soy real.

—¿Tienes un nombre?

—Por supuesto que tengo un nombre.

—Ah… ¿y cuál es?

—Nubis.

—¿Nubis?

—Sí. ¿Qué tiene de malo?

—Nada. Es decir, no sé. Es solo que no es un nombre muy monstruo… so.

—Pues, mis padres no querían que me convirtiera en un monstruo.

—¿En serio? ¿Qué querían que fueras?

—Un lobo.

—Eso es gracioso —contesté, sintiendo cómo empezaba a sonreír.

—¿Qué quieren tus padres que seas?

—No sé… ¿Oye, Nubis?

—¿Sí?

—¿No vas a tratar… como de… asustarme o algo?

—¿Qué? ¿Por qué haría eso?

—Bueno, eres un monstruo, ¿no?

—Pues, sí, por supuesto que lo soy, pero ningún monstruo que se respeta asusta a niños pequeños.

—Pero pensé que ese era tu trabajo.

—Mi trabajo es asustar personas. Pero solo a las personas malas.

—¿Soy una persona mala?

—No, no es a ti a quien vengo a asustar.

—¿A quién has venido a asustar?

—Al hombre en tu armario.

La piel se me puso de gallina. Quería preguntarle a qué se refería, pero me quedé callada cuando escuché un crujido que provenía del armario. La puerta rechinó al abrirse y pude escuchar pisadas suaves acercándose hacia mí. No me atreví a echar un vistazo a través de las sábanas. Las pisadas se detuvieron y noté una respiración pesada a mi lado. Apreté mis ojos con fuerza.

El santuario cálido de mis sábanas desapareció de un tirón.

Abracé mis brazos alrededor de mis rodillas y me preparé para lo peor. Un grito partió el aire nocturno, seguido por el sonido de vidrio roto. Abrí los ojos solo una rendija y descubrí un cuchillo que yacía en la alfombra junto a mi cama; la hoja destellaba bajo la luz de la luna.

Mis padres corrieron a mi habitación y me preguntaron qué había pasado, pero no sabía qué decirles, solo que alguien se había estado escondiendo en mi armario y después había saltado por la ventana.

Mis padres llamaron a la policía….. llegó de inmediato. Arrestaron a un hombre, Antonio López, que corría por la calle a unos cientos de metros de distancia, cubierto de sangre y cristales rotos.

Encontraron el coche de Antonio abandonado en nuestra propiedad, y dentro había cinta americana, cuchillos, pastillas y una cámara de video.

Según me contaron, el abogado de Antonio López alegó demencia, y actualmente está ingresado en una institución psiquiátrica estatal para criminales.

Nunca volví a saber de Nubis el monstruo, pero el detective que estuvo a cargo del caso nos dijo que Antonio duerme en el suelo de su celda.

Les dice a los médicos que un monstruo está bajo su cama.

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