Salamanca – Plaza Mayor.

Nos marchamos al siglo XVI. Por aquel tiempo Salamanca es famosa en toda Europa por su universidad. 8.000 estudiantes tiene por aquellos años, que se dice pronto, y claro, con los estudiantes… pues de todo un poco y de prostitución un mucho. El mayor burdel de Europa, dicen las malas lenguas. Sodoma y Gomorra todo junto, vamos.

  • La cosa venía de lejos (acordaos de “La Celestina“, que entre sus muchas habilidades contaba con la de remendar virgos y dejarlos como nuevos), y de la calidad de los servicios ofrecidos en la ciudad sirven como testigo estos versos:

A Toledo, por la espada.

A Valencia, por las frutas.

A Rioja, por bon vino

y a Salamanca por putas.

Puro lirismo, ¿a que sí?
Tan escandaloso debía ser el asunto que ya el príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos, lo organizó con el obispo para agruparlas a todas en la Casa de la Mancebía bajo la tutela de un personaje al que se conocía con el poético nombre de “padre putas” (ya que solía ser un sacerdote e incluso canónigo de la catedral), que debía encargarse de suministrarles alimentos, medicinas… pero también de mantener el orden, algo que debía ser harto complicado. Obviamente tan alta responsabilidad no podía dejarse en manos de cualquiera, y el elegido tenía que contar con el beneplácito del ayuntamiento. Por cierto, hoy el “Padre Lucas” es el cabezudo más querido de Salamanca. Os imagináis de dónde viene, ¿verdad?

Un personaje todavía popular, como puede verse

El caso es que por si faltaba animación en 1543 llega la Corte, porque el príncipe Felipe (el futuro Felipe II) se va a casar allí con María Manuela de Portugal. Y claro, la ciudad organiza unos festejos como Dios manda, con un de todo: corridas de toros, justas, torneos…

La feliz pareja

Esto en el programa oficial, pero en el extraoficial… juerga garantizada para todos. Tabernas a gogó, pícaros y celestinas, casas de mancebía en cada esquina y prostitutas para todos los bolsillos. Un no parar, vamos. En Salamanca se peca contra el sexto y contra todos los demás mandamientos escritos y por escribir, y el rey se queda tan escandalizado de lo que ve y de lo que le cuentan que decide tomar cartas en el asunto. ¿Qué hace? Pues deja bien clarito que por lo menos durante la Cuaresma nada de carne, ni de una ni de la otra, y como no se fía mucho de sus despendolados súbditos salmantinos ordena que cuando llegue el Miércoles de Ceniza todas las prostitutas pasen en barca a la otra orilla del Tormes, conducidas, como no, por el “padre putas”. Las pobrecicas mías no podían acercarse a menos de una legua de la ciudad so pena de ser castigadas con 100 azotes, de donde viene la frase “Estar como putas en Cuaresma“, o sea, sin un real.

Estudiante tonto y ramera lista (fijaos en su mano derecha y lo entenderéis)

¿Hasta cuándo duraba esta situación? Pues hasta el lunes que seguía al Lunes de Pascua, que era cuando nuestro buen amigo el “padre putas” volvía a conducir a las meretrices a la ciudad. Eso sí, como había que celebrar por todo lo alto que se había acabado la abstinencia, los estudiantes organizaban una enorme fiesta pasándolas a buscar a la otra orilla en barcas engalanadas para la ocasión, que para algo eran las reinas del día. ¿Os imagináis el jolgorio, con los estudiantes, la música, el vino, las chicas con sus mantones de picos pardos…? Tan vistoso era que gran parte de la ciudad acudía a verlo y se sumaba al festejo, que solía acabar en una gran borrachera colectiva y… y ya sabéis qué, ¿o no? Todas esas hormonas reprimidas durante mes y medio se volvían locas y aquello era el despiporre.

El lunes de Aguas sigue siendo una fiesta en Salamanca, aunque ha cambiado mucho. La Cuaresma ya no es lo que era, y la abstinencia de comer carne (del tipo que sea) es hoy algo privado. Sin embargo se sigue celebrando por todo lo alto que se ha acabado ese tiempo de privaciones y se sale a comer a la orilla del Tormes, con amigos o en familia. ¿Sabéis el qué? Pues el hornazo, algo completamente carnívoro para compensar la abstinencia que supuestamente se ha guardado durante más de cuarenta días. ¿Os imagináis de qué está relleno? Pues jamón, chorizo, lomo adobado y huevos cocidos como mínimo. La fiesta de la lujuria se ha sustituido, pues, por la del colesterol, pero ¿no es eso acaso una metáfora de nuestros tiempos?

Un hornazo.

Y por cierto, si queréis saber mucho más sobre esa tradición, escapar a Salamanca en esas fechas y lo viviréis en persona.