Isabel I, reinade Castilla, llamada también Isabel la Católica dicta su testamentoen lengua materna el 12 de octubre de 1504 y, tres días antes de morir, el 23 de noviembre firma autógrafamente sus últimas voluntades en Medina del Campo.. Isabel declara herederauniversal de todos sus reinos y de todos sus bienes a su hijaprimogénita, la princesaJuana I de Castilla, archiduquesa de Austria y duquesa de Borgoña. Manda que si la princesaJuana está ausente de sus reinos, o no puede gobernarlos, que los gobierne, por ella, el rey Fernando, su padre, hasta que el infante Carlos, su nieto, hijoprimogénito de Juana y Felipe el Hermosocumpla veinte años y pueda gobernar los reinos.

Versión

En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y una esencia divina, Creador y Gobernador universal del Cielo y de la Tierra […] y de la gloriosa Virgen María, su madre, Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles, nuestra señoray abogada, de aquel príncipe de la Iglesia y caballería angelical san Miguel, y del mensajero celestial el arcángel san Gabriel y […] especialmente de aquel santo precursor de nuestro redentor Jesucristo, san Juan Bautista, y a los muy bienaventurados príncipes de los apóstoles san Pedro y san Pablo con todos los otros apóstoles señaladamente del muy bienaventurado san Juan Evangelista […], al cual santo apóstol y evangelistayo tengo por mi abogado especial en esta presente viday así lo espero tener en la hora de mi muerte, y en aquel terrible juicioy estrecho examen, y más terrible contra los poderosos cuando mi alma será presentada ante la silla y trono real del Juez Soberano […], que según nuestros merecimientos a todos nos ha de juzgar, en uno con el bienaventurado y digno hermano suyo el apóstol Santiago […], con mi bien amado y especial abogado san Francisco, con los gloriosos confesores y grandes amigos de nuestro señor san Jerónimo, doctor glorioso, y santo Domingo […] y con la bienaventurada santaMaríaMagdalenaa quien asimismo yo tengo por mi abogada; porque si es cierto que hemos de morir, es incierto cuando y donde moriremos, por ello debemos vivir y estar preparados como si en cualquier momento hubiésemos de morir.

23. Además sepan cuantos esta cartade testamentovieren como yo doña Isabel, por la gracia de Dios, reinade[…] Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada[…], estando enfermade mi cuerpode la enfermedadque Dios me quiso dar e sana e librede mi entendimiento […], ordeno esta mi cartade testamentoy postrera voluntad queriendo imitar al buen rey Ezequías queriendo disponer de mi casacomo si luego la hubiese de dejar.

24. Y primero encomiendo mi espíritu en las manos de nuestro señor Jesucristo […].

25. Y quiero y mando que mi cuerposea sepultado en el monasteriode San Francisco, que está en la Alhambra de la ciudad de Granada, siendo vestida con el hábitodel bienaventurado pobrede Jesucristo san Francisco, en una sepultura baja que no tenga relieve alguno, salvo una losa llana con letras esculpidas en ella; pero quiero y mando que si el rey, mi señor, eligiere sepultura en cualquier otra iglesiamonasteriode cualquier otra parte o lugar de mis reinos, que mi cuerposea allí trasladado y sepultado junto al cuerpode su señoría porque la pareja que formamos en vida, la formen nuestras almas en el cielo y la representen nuestros cuerpos en el suelo. Y quiero y mando […] que las exequias sean sencillas, y lo que se hubiese gastado en unas grandes exequias se destine a vestir pobres y, la cera que hubiese ardido en demasía se envíe a aquellas iglesias pobres que consideren mis albaceas para que arda ante el Sacramento.

26. También quiero y mando que si falleciera fuera de la ciudad de Granada, que sin tardanza lleven mi cuerpoentero como estuviera a la ciudad de Granada. Y si por la distancia del caminoo por el tiempo no se pudiese llevar a dicha ciudad de Granada, que en tal caso lo pongan y depositen en el monasteriode San Juan de los Reyes de la ciudad de Toledo. Y si dicha a dicha ciudad de Toledo no se pudiese llevar, que se deposite en el monasteriode San Antonio de Segovia. Y si a dicha ciudad de Toledo y de Segovia no se pudiese llevar, que se deposite en el monasteriode san Francisco más cercano al lugar donde falleciera y, que esté allí depositado hasta que se pueda trasladar a la ciudad de Granada y, encargo a mis albaceas que hagan el traslado lo antes posible.

27. También mando que, antes de cualquier otra cosa, sean pagadas todas las deudas de cualquier tipo que sean –sueldos y casamientos de criados y criadas-, que las paguen los albaceas, en el mismo año de mi fallecimiento, de mis bienes muebles, y si no se pueden pagar antes de fin de año, que se paguen lo más pronto posible. Y si los bienes muebles no bastaran para pagar las deudas, que las paguen de las rentasdel reino […], que no se dejen de pagar para que mi alma se vea descargada de ellas […].

28. También mando que después de cumplidas y pagadas las deudas, se digan por mi alma en iglesias y monasterios observantes de mis reinos y señoríos veinte mil misas, en aquellos que mis albaceas consideren oportuno, y que den a dichas iglesias y monasterios las limosnas que consideren apropiado […].

29. También mando que una vez pagadas las deudas, se distribuya un millón de maravedíes para casar doncellas pobres y, otro millón de maravedíes para que doncellas pobres puedan dedicarse a la vidareligiosa, y que en ese santo estado quieran servir a Dios.

30. También mando que se vistan doscientos pobres para que sean especiales rogadores por mi alma.

31. También mando que en el año de mi fallecimiento sean redimidos doscientos cautivos necesitados, que estén en manos de infieles.

[…]

32. También mando, que por las muchas necesidades que desde mi llegada al trono tuvimos el rey, mi señor, y yo, he tolerado que algunos grandes caballeros y señores se hayan apoderado de alcabalas, tercias, pechos y derechospertenecientes a la Corona y Patrimonio Real de mis reinos.

También mando que se dé limosnapara la Catedral de Toledo y para Nuestra Señora de Guadalupe.

Y en cuanto a las concesiones de la villa de Moya y de otros vasallos que hicimos a Andrés Cabrera, marqués de Moya, y a la marquesa, Beatriz de Bovadilla, por la lealtad con que nos sirvieron para recobrar y acceder a la corona y, por los grandes servicios que me han hecho los encomiendo al rey, mi señor, y a la princesa, mi muy querida y muy amada hija[…].

Y también, conformándome con lo que debo y estoy obligada por derecho a hacer, ordeno, establezco e instituyo herederauniversal de todos mis reinos, tierras y señoríos y de todos mis bienes a la ilustrísima princesadoña Juana, archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña, mi querida y muy amada hijaprimogénita, herederay sucesora legítimade mis reinos, tierras y señoríos y, que a mi muerte se intitule reina[…].

[…]

Y también, considerando cuan estoy obligada a mirar por el bien común de mis reinos y señoríos, tanto por la obligación que como reinaseñorade ellos les debo, como por los muchos servicios que mis súbditos y vasallos moradores de ellos, con gran lealtad, me han hecho; y considerando, también, que la mejor herenciaque puedo dejar a la Princesa y al Príncipe, mis hijos, es dar orden a mis súbditos que les tengan el amory les sirvan lealmente como al Rey, mi señor, e a mí nos han servido […].

Y, viendo como el Príncipe, mi hijo, por ser de otra nacióny de otra lengua si no se conformase con las leyes, fueros, usos y costumbres de estos reinos y, él o la Princesa, mi hija, no los gobernasen por dichas leyes, fueros, usos y costumbres no serían obedecidos ni servidos como debían y no les tendrían el amorque yo querría que les tuviesen […] ; y conociendo que cada reino tiene sus leyes, fueros, usos y costumbres y es mejor gobernado por sus naturales: Por ello, queriendo por remedio para que los dichos Príncipe y Princesa, mis hijos, gobiernen estos reinos como deben […], ordeno y mando que de aquí adelante no se conceda ni alcaldías, ni tenencias, castillos, fortalezas, ni jurisdicciones, oficios de justicia, ni oficios de ciudades ni de villas, ni oficios de hacienda, los de la casacortea persona alguna o personas que no sean naturales de estos reinos; y que los oficiales ante los que los naturales de estas tierras tengan que presentarse por cualquier asunto relacionado con estas tierras sean habitantes de estos territorios. […].

[…]

Y también, por si a mi muerte la dicha princesa, mi hija, no se encuentra en mis reinos […] o estando en ellos no quisiera o no pudiera gobernarlos, siguiendo lo acordado en las Cortesde Toledo de 1502 y de Madrid y Alcalá de Henares de 1503, se establece que en dichos casos el rey, mi señor, deba regir, gobernar y administrar mis reinos y señoríos por la mencionada princesa, mi hija[…]; teniendo en cuenta la grandeza y excelente nobleza y virtudes del rey, mi señor, y la gran experiencia que tiene en el gobierno de los reinos […]; ordeno y mando que cada vez que la dicha princesa, mi hija, no esté en mis reinos […] o estando no quisiera o no pudiera ocuparse del gobierno de los reinos […] en dichos casos el rey, mi señor, administre, rija y gobierne los mis mencionados reinos y, que tenga la administracióny gobierno por la dicha Princesa, hasta que el infante Carlos, mi nieto, hijoprimogénito y herederode los dichos príncipe y princesa, haya cumplido veinte años. Y suplico al rey, mi señor, quiera aceptar el encargo de gobernar y regir mis reinos y señoríos como yo espero que lo hará […].

Y asimismo, ruego y mando muy afectuosamente a la mencionada princesa, mi hija, […] y al Príncipe, su marido, que siempre sean muy obedientes y sujetos al rey, mi señor, y que no le desobedezcan y que lo sirvan, traten y acaten con toda reverencia y obediencia, dándole y haciéndole dar todo el honorque buenos y obedientes hijos deben dar a su buen padre, y sigan sus mandatos y consejoscomo de ellos se espera que harán de tal manera que en todo lo que se refiera a su señoría, parezca que yo no hago falta y que estoy viva […].

Y también, ruego y encargo a los dichos príncipe y princesa, mis hijos, que así como el rey, mi señor, y yo siempre nos tuvimos gran amor, unión y concordia, así ellos tengan tal amor, unión y concordia como yo de ellos espero. […]

Y quiero y mando que cuando la dicha princesadoña Juana, mi muy cara y amada hija, fallezca, le suceda en estos mis reinos el infante Carlos, mi nieto, su hijolegítimo y de dicho don Felipe, su marido, y que sea rey y señor de mis reinos. […]

Y dejo por albaceas y ejecutores de este mi testamentoy última voluntad al rey, mi señor, porque por el gran amorque a su Señoría le tengo y me tiene, será más pronto ejecutado […]

[Codicilo]

En nombre de la Santa e Indivisible Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sepan cuantos esta cartade codicilo vieren que yo doña Isabel, por la gracia de Dios reinade Castilla, de León, […].

[La reinadispone –en diecisiete capítulos- entre otras cosas]: X. También mando que se examinen los poderes de algunos reformadores, ya que, al reformar los monasterios de sus reinos, de religiosos y de religiosas, algunos se han excedido en sus poderes, y de ello se ha derivado gran escándalo, daño y peligros para sus almas y sus conciencias. Y que de ahora en adelante se les ayude a los reformadores para cumplir sus atribuciones en función del poderatribuido y no más.

XI. También mando que en cuanto que el Papa nos concedió las Islas y Tierra Firme del Mar Océano descubiertas y por descubrir [América y las islas cercanas], y como fue mi intenciónprocurar, inducir y atraer a los pueblos que las pueblan a la fe católica, y enviar a las Islas y Tierra Firme prelados y religiosos y clérigos y otras personas doctas… para instruir a los moradores de aquellas tierras en la fe católica, y enseñarles buenas costumbres. A demás suplico al rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la princesa, mi hija, y al príncipe, su marido, que así lo hagan y cumplan, y que esto sea su principal fin y en ello ponga mucha diligencia, y que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, antes al contrario que sean bien y justamente tratados, y si han recibido algún agravio que lo remedien y provean para que no se sobrepase en cosa alguna lo que en las cartas apostólicas de dicha concesión se mandaba y establecía.

[…]

XV. También mando, que se digan veinte mil misas de requiem por las almas de todos aquellos que murieron a mi servicio, y que se digan en iglesias y monasterios, allí donde a mis albaceas les pareciese que se dirán más devotamente, y que den para ello la limosnaque mejor consideraran.

XVI. También mando, que todo aquello que yo ahora doy a los criados y criadas de la reinadoña Isabel, mi señoramadre, que en gloria esté, se de a cada uno de ellos de por vida.

XVII. Y digo y declaro que esta es mi voluntad, la cual quiero que valga como codicilo, y si no valiese como codicilo quiero que valga como cualquiera otra última voluntad, o como mejor pueda e deba valer. Y para que esto sea firme y no haya ningún asomo de duda, otorgo esta cartade codicilo ante Gaspar Grizio, mi secretario, y los testigos que lo firmaron y sellaron con sus sellos; que fue otorgada en la villa de Medina del Campo, el 23 de noviembre del año de nuestro Salvador Jesucristo de 1504, y lo firmé con mi nombre antes los testigos y lo mandé sellar con mi sello.

Yo la Reina [firma autógrafa y rúbrica]