La ocultación de la verdadera causa del Síndrome Tóxico impidió la curación de miles de españoles.

Mientras la Ciencia a los 3 meses ya sabía QUE NO PODÍA SER EL ACEITE DE COLZA, el Poder ACUSABA Y ENCARCELABA a los industriales del ACEITE DE COLZA. Mientras la Ciencia a los 8 meses ya sabía COMO CURAR A LOS AFECTADOS, el Poder ocultaba a más de 60.000 enfermos la POSIBILIDAD DE SU CURACIÓN.



PACTO DE SILENCIO

En la primavera de 1981 fueron envenenados más de 60.000 españoles. Más de 700 de ellos, murieron 1. Desde entonces y hasta hoy, los gobiernos de UCD y del PSOE han centrado sus esfuerzos en impedir que el auténtico criminal salga a la luz pública. Había que borrar por todos los medios las huellas que conducían al foco de la intoxicación. Se llegó así a un oscuro montaje de los distintos sectores del Poder y de los servicios de inteligencia, para conformar el efectivo «pacto de silencio» que debía evitar que se supiera que aquí se aplicó a seres humanos una nueva combinación química, aplicable en el futuro a una posible guerra química.



ENFERMEDAD NUEVA

Hagamos un poco de historia de este complejo asunto: a principios de mayo de 1981 se detecta una enfermedad nueva en España, que afecta rápidamente a un creciente número de individuos. En los primeros días surgen diversas hipótesis de urgencia sobre el origen que desencadenó la epidemia, hasta que el gobierno anuncia por televisión que la culpa de todo la tiene una partida de aceite de colza desnaturalizado, distribuido en venta ambulante. Los industriales y comerciantes que han intervenido en el proceso de importación, manipulación y distribución de este aceite son quienes se sentaron en el banquillo de los acusados. Pero a lo largo de estos años ha habido una serie de científicos que han evidenciado que el aceite pesuntamente tóxico no pudo haber sido el causante de la tragedia.

Simultáneamente, otros investigadores han ido siguiendo una pista distinta, que conduce a un origen mucho más lógico para la epidemia, si tomamos en consideración todos los elementos que conformaron la intoxicación detectada en 1981. Esta pista tiene su punto de partida en una combinación insecticida, concretamente un combinado nematicida organotiofosforado que envenenó a las más de 60.000 víctimas al consumir éstas tomates de una determinada partida tratada con el aludido insecticida.

La investigación por vía judicial de esta posibilidad, así como de cualquier otra hipótesis plausible con respecto a la causa real de la enfermedad, investigación que no debería de finalizar hasta lograr demostrar fahacientemente cuál fue el indiscutible desencadenante de la tragedia, es el camino que debe de desembocar en el auténtico juicio del síndrome tóxico, con reparto de responsabilidades a quien realmente y en justicia corresponda.

LA CURACIÓN NO INTERESABA

La gravedad del problema se acentúa por la circunstancia de que por lo menos desde finales de julio de 1981 el goberno estaba suficientemente bien informado de que no era posible que el aceite fuera el causante de la eipdemia. Desde aquel momento cuando menos debía de haberse incentivado con todos los recursos posibles el análisis de las otras posibilidades que se barajaban para el posible origen de la enfermedad, posibilidades que ya estaban también a finales de julio de 1981 sobre la mesa de quienes empuñan las riendas del poder. Eso era prioridad absoluta puesto que había personas que se estaban muriendo y se imponía la urgente necesidad de conocer el origen del mal para poder intentar la curación adecuada de los afectados.

Meses más tarde, pero siempre dentro del mismo año 1981, el Ministerio de Sanidad queda ampliamente informado de la posibilidad de que determinado insecticida organotiofosforado podría haber desencadenado la nueva enfermedad. Pero no actúa en consecuencia.

Y a mi entender la cosa se agrava aún más cuando 8 meses después de aparecer el primer caso de síndrome tóxico, un médico militar, el teniente coronel Luis Sánchez-Monge Montero, envía al gobierno, al INSALUD, «para que lo leyera Valenciano», me diría, refieriéndose con ello al Dr. Luis Valenciano, a la sazón Director General de la Salud Pública, un informe en el que afirmaba que el origen de la grave enfermedad radicaba en un veneno que bloqueaba la colinesterasa, y en el que explicaba cómo había que curar a los enfermos. Mas adelante definiría este veneno como un compuesto organofosforado.

No se trataba de una aventurada teoría: el Dr. Sánchez-Monge ya había curado para entonces particularmente a unos cuantos afectados. Lo cual quiere decir que tal vez no todas, pero decididamente muchas de las 60.000 víctimas podrían estar curadas desde 1982. Pero nadie reacciona en el INSALUD ni en la Dirección General de la Salud Pública. Mas la gravedad de la inhibición oficial no termina allí. El Dr. Sánchez-Monge envía también un informe sobre sus evaluaciones y curaciones a la publicación especializada «Tribuna Médica», que lo reproduce en la página 8 de su número 937, correspondiente al 19 de marzo de 1982.

Yo me imagino que el Ministerio de Sanidad debe de estar puntualmente informado de cuantas noticias interesantes se publican en un semanario de las características de «Tribuna Médica». De modo que me imagino al Sr. Ministro enterado de que hay un médico que está afirmando haber curado a una serie de pacientes de la enfermedad conocida por síndrome tóxico, enfermedad nueva y desconocida en cuanto a su tratamiento, y que en aquellos momentos configuraba el problema número uno planteado a la Sanidad española con carácter de extrema urgencia permanente, hasta su total resolución. me imagino que en estas circunstancias el máximo responsable de la salud de sus conciudadanos lo dejará todo para leer lo que escribe un médico que afirma haber logrado la curación de unos cuantos afectados.

Y al minuto siguiente de concluir esta lectura, me imagino al aludido velador de nuestra salud telefoneando al médico en cuestión, para tenerlo al cabo de una hora en el Ministerio de Sanidad y discutir con él sus experiencias con la finalidad de aplicarlas —en el supuesto de que realmente resultaran positivas— al resto de la población afectada por la misma epidemia. Pues no. Nadie, ni desde el INSALUD ni desde el Ministerio de Sanidad, se acercó a ver que más tenía que decir el único médico español que había logrado salvar vidas y aliviar a enfermos de la masiva intoxicación.

De lo que se trataba precisamente —a la vista de toda la evolución del problema, y tal y como lo documento ampliamente en el libro Pacto de Silencio (Compañía General de las Letras, Barcelona, marzo 1988)— era de no curar a los enfermos, para evitar así el que se descubriera el verdadero orígen del envenenamiento.

Solamente así cobra sentido el trato oficial dado al Dr. Antonio Muro y Fernández-Cavada, director en funciones del Hospital del Rey, en Madrid. Cuando el Ministerio de Sanidad todavía seguía dictando que el origen de la enfermedad había que buscarlo en un micoplasma, de transmisión aérea, y de entrada en el organismo por vía respiratoria, el Dr. Muro ya afirmaba el 10 de mayo de 1981 —a los 10 días de detectada la enfermedad— que eso era imposible, y que la vía de transmisión era necesariamente —dadas las características de la sintomatología— la digestiva.

«Si se hubiera enfocado la enfermedad por vía digestiva desde el mismo día 10 de mayo en que se dijo, se habría muerto menos gente y la investigación se habría enfocado en otro sentido», me diría el hijo del difunto Dr. Muro, mientras el letrado Juan Francisco Franco Otegui denunciaba ante el Parlamento Europeo el 26 de octubre de 1986 que el gobierno había condicionado los diagnósticos, ocultado o retrasado el reconocimiento de síntomas de la enfermedad, y manipulado resultados analíticos para añadir que «paralelamente, la Administración impidió el desarrollo de hipótesis alternativas valiéndose de todo tipo de medios incluídos la ocultación y falsificación de todos aquellos datos que exigían la apertura de nuevas líneas de investigación.»

EL SILENCIO DEL PACTO

Esas líneas eran las que había que cercenar en el momento mismo en que comenzaban a brotar. La planta de la verdad no debía crecer, porque en su configuración iba implícito el nombre de quienes habían envenenado realmente a más de 60.000 españoles.

Un ejemplo más: el Dr. Muro, desesperado por el hecho de que las altas instancias sanitarias del país hacían caso omiso de sus indicaciones acerca de la forma en que había que llevar la investigación, se lanzó el día 13 de mayo de 1981 a predecir nuevos focos de afectados: dado que había seguido la pista de la enfermedad y había logrado dar con la red de distribución del producto venenoso, notificó en la tarde del 13 de mayo a los doctores Munuera y Cañada —subdirector general de programas de Sanidad— dónde exactamente iban a aparecer nuevos casos de afectados al día siguiente, con especificación de poblaciones y de calles. Al día siguiente, 14 de mayo, aparecieron efectiva y puntualmente estos nuevos afectados en las poblaciones y en las calles indicadas por el Dr. Muro.

Pero en vez de que ello sirviera para que el Ministerio de Sanidad se decidiera por hacerle caso, sirvió para todo lo contrario: al día siguiente, 15 de mayo, un telegrama del Ministerio ordenaba el cese fulminante del Dr. Antonio Muro y Fernández-Cavada de su puesto de director en funciones del Hospital del Rey.

Ese cese fulminante, así como la renuncia a acelerar la curación efectiva de los enfermos —se estaba a tiempo de lograr esta curación efectiva si se hubieran escuchado las voces que iban bien encaminadas— debía necesariamente de obedecer a muy poderosas razones que nada tienen que ver con la Sanidad, ni siquiera con el propio gobierno español. Era el precio que se cobraba el silencio del pacto.

Libro “Pacto de Silencio”, escrito por Andreas Faber kaiser.
Fué publicado en 1988.



Faber Kaiser era joven, pero murió víctima de una enfermedad inoculada, como tantos otras personas que tenían información sobre el ensayo químico de 1981 en Madrid y que también morirían en aquellos años de enfermedades repentinas e irreversibles.

Igualmente reveladora y de gran interés es la especial crónica que sobre este caso firma el periodista JJ Benítez, gran amigo del sagaz investigador Andreas Faber kaiser, en un artículo titulado “Operación Lamentación”.


Pulsar aquí para acceder a la Crónica de JJ Benítez sobre el Síndrome Tóxico

MÁS INTERÉS EN LOS EE.UU. QUE EN ESPAÑA

Eso ya se notó días antes, cuando el Dr. Angel Peralta Serrano, jefe del departamento de Endocrinología del Hospital Infantil de la Ciudad Sanitaria de La Paz, de Madrid, en artículo publicado en el diario «Ya» de fecha 12 de mayo de 1981, y después de informar que al INSALUD le habían sobrado 17.000 millones de pesetas aquel año (¡Cuanta urgencia y efectividad podría haberse aplicado a la resolución de la nuva enfermedad!), afirmaba, refiríendose al síndrome tóxico, que en su opinión los cuadros clínicos que se habían presentado en aquellos primeros días, mejor se explicaban por una intoxicación por insecticidas organofosforados, que no por una simple infección viral (neumonía atípica).

El artículo en cuestión fue replicado al día siguiente por el entonces Secretario de Estado para la Sanidad, Luis Sánchez-Harguindey Pimentel, en carta abierta publicada en el mismo rotativo, con lo cual el mencionado Secretario de Estado evidenciaba estar perfectamente al corriente de lo expuesto el día anterior por el Dr. Angel Peralta. Pero tampoco reacciona, ni obra en interés de los enfermos. Esa historia, como dije en el párrafo anterior, parece que no va con el gobierno español:

«Ya» es un diario matutino (ojo al dato). Porque el mismo día 12 en que aparece el artículo del Dr. Peralta hablando por primera vez de organofosforados, una llamada telefónica de Madrid —del Dr. Gallardo del Centro Nacional de Virología y Ecología Sanitaria— a Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia, pide ayuda al Epidemiology Program Office del Center for Disease Control (CDC). Que envía a Madrid al epidemiólogo William B. Baine. Tal y como manifestría más tarde la eurodiputada Dorothee Piermont, investigadores y víctimas implicadas son de la opinión de que datos, historiales clínicos y documentos establecidos con ocasión de la visita del epidemiólogo norteamenricano, fueron transferidos íntegramente al CDC estadounidense, no siendo por tanto accesibles ya a los investigadores españoles que consideran falsa la hipótesis del aceite.

Para finalizar este tema, quiero dejar constancia de la sorprendente realidad de que cuando el síndrome tóxico —sin estar resulto ni muchísimo menos— deja ya de ser un tema de importancia para las autoridades españolas, lo sigue siendo de forma prioritaria para los Estados Unidos. Esto sólo ya es un escándalo en sí mismo.

¿Es que los americanos querían patentar en su país el sistema de desnaturalización y re-naturalización de aceite de colza que habían aplicado quienes se sentaron en el banquillo de la Casa de campo? Que nadie se engañe: más bien estaban al corriente desde el principio de lo que realmente aconteció aquí en la primavera de 1981. El detalle que cito aparece textualmente en la hoja 4ª del Acta de la sesión del 17 de noviembre de 1983 del Pleno de la Subcomisión de Investigación Clínica de la Comisión Unificada de Investigación, integrada en el Plan Nacional para el Síndrome Tóxico dependiente de la Presidencia del Gobierno. Citando una intervención del Dr. Manuel Posada de la Paz, puede leerse allí:

«A continuación expuso la relación de trabajos que se van a enviar para ver si pueden ser subvencionados por la vía del convenio Hispano-Americano. Dicho convenio está basado en un dinero que Estados Unidos paga al Gobierno español por las bases americanas, que se invierte en proyectos de investigación conjuntos para ambos países. Hace un año el SAT (síndrome del aceite tóxico) era un tema prioritario para los dos países, pero en el momento actual no lo es para España aunque los americanos siguen muy interesados.»

¿ACEITE O TOMATE?

La línea de investigación propugnada por la Administración desembocaría por ende en la suposición de que la nueva enfermedad fue producida por la ingestión de determinada partida de aceite de colza desnaturalizado, importado de Francia y sometido a un proceso de renaturalización (extracción o separación del producto colorante en España), mientras que la investigación emprendida por el Dr. Muro y su equipo desembocaría en la suposición de que la enfermedad fue producida por el consumo de una partida de tomates tratados con un compuesto de insecticidas organotiofosforados, cultivados en Roquetas de mar, en Almería.

NO PUDO SER EL ACEITE

Uno de los pilares en los que basan su acusación quienes argumentan que el origen del síndrome tóxico radica en el aceite de colza desnaturalizado, es el hecho —dicen ellos— de que la enfermedad comienza a decaer desde el momento en que deja de ser consumido el aceite sospechoso: el 10 de junio de 1981 se anuncia por vez primera por TVE la posible relación de unos aceites sospechosos con el origen de la enfermedad. El 17 de junio se da la orden de retirada de estos aceites sospechosos. Y el 30 de junio de 1981 comienza la operación efectiva de canje de los mismos por aceite puro de oliva.

A partir de este día, según la tesis oficial, comienza a remitir la enfermedad, comienza a decaer la curva de incidencia de entrada de nuevos enfermos en los hospitales. pero esta opinión oficial está falseada. Porque observando la curva real de dicha incidencia, la enfermedad —el ingreso de nuevos enfermos en centros hospitalarios— decae espontánea y verticalmente a partir del 30 de mayo, o sea un mes antes de que a la gente se le quitara el aceite presuntamente tóxico, y fecha anterior incluso a conocerse por los medios de comunicación de forma no oficiosa que el aceite era el causante del síndrome tóxico.

Hay naturalmente otras muchas consideraciones básicas que excluyen la posibilidad de que el aceite de colza desnaturalizado fuera el causante de la tragedia.

Por ejemplo: si fuera el aceite el causante, ¿cómo se explica la discriminación intrafamiliar? Esto es: ha quedado constatado que es muy rara la afectación de toda la familia, puesto que siempre permanecen invulnerables alguno o algunos de sus miembros. Por lo que, dado que el aceite en una cocina como la española es consumido por todos, éste es difícilmente el vehículo del tóxico.

Lo mismo cabe argumentar para la discriminación interfamiliar. Intrafamiliar es dentro de la misma familia, en la composición de la familia. Interfamiliar es en cambio entre familias, la discriminación que la enfermedad hace entre una familia y otra. Pues es sabido que el “garrafista” ha vendido a lotes completos de vecinos, y solamente han enfermado por ejemplo los del 2º F, los del 7º C y los del 1º B, mientras que el resto permanecen sanos, a pesar de que las garrafas se habían llenado en el mismo momento, del mismo tanque, y fueron vendidas el mismo día. Etc. etc.

LOS CATALANES, GENÉTICAMENTE DISTINTOS

Curioso y absolutamente determinante, por sus características tan paradójicas con respecto a la epidemia del síndrome tóxico, es el caso del circuito catalán de comercialización del aceite supuestamente tóxico. estas características vuleven a ser un elemento más de los varios que, por sí solos, ya refutan la hipótesis del aceite fraudulento como vehiculizador del tóxico que causó el citado síndrome tóxico.

Resulta que durante el año 1981 se distribuyó en Cataluña aceite fraudulento de composición semejante al distribuído en la región central, que por ello también fue declarado como aceite tóxico en aquel momento. La cantidad de aceite cpmercializado en Cataluña fue superior a 350.000 kg. Pues bien, pese a haber sido distribuida toda esa cantidad de aceite y haberse vendido al público durante varios meses de 1981, no se tiene constancia de la existencia de ningún afectado original de la zona catalana.

Pero lo más sorprendente del caso es que una de estas marcas concretament ‘El Olivo’, fue también distribuida en Castilla, sobretodo en Madrid capital y poblaciones limítrofes. Pues bien, este aceite oriundo de Cataluña, en donde no provocó ningún afectado, al ser consumido en Madrid provoca automáticamente afectación. ¿Es posible que las partidas destinadas a Castilla sean tóxicas y las que se quedan en catalunya sean inocuas? ¿O acaso —como apuntó un letrado de la Defensa durante el juicio— debe atribuirse este fenómeno a una distinta composición genética o reacción sensible de catalanes y castellanos?

Mucho más lógico que buscarle estos tres pies al gato, resulta concluir que el aceite no tuvo en realidad nada que ver con el síndrome tóxico. Nada, excepto que formaba parte en muchos casos del mismo plato que también contenía los tomates que llevaban el tóxico.

NO HABÍA TÓXICO EN EL ACEITE

Buscando un punto de apoyo que justificara la inculpación del aceite de colza desnaturalizado, la opinión oficial argumentó que el tóxico se hallaba en las anilinas que se usaron para su desnaturalización (tinte), y en su defecto en las anilidas que estas anilinas originaron durante el proceso de re-naturalización efectuado en España. pero resulta que —como muy ampliamente lo documento en el citado libro Pacto de Silencio— el aceite sospechoso no contiene tóxico alguno, ni de anilinas ni de anilidas ni de tipo alguno. Así lo manifestaría por ejemplo la Dra. Renate Kimbrough, del CDC de Atlanta, USA, el 10 de febrero de 1985 a la televisión alemana: «No hallamos ningún indicio que señalara que el aceite fuera el causante del síndrome tóxico. Además, muchos otros laboratorios en Europa han intentado hallar alguna sustancia tóxica en estos aceites, y tampoco tuvieron éxito alguno.»

Añadiré que a la vista de todos los datos que hoy poseemos, se hace no ya difícil, sino absolutamente imposible, mantener que el aceite de colza desnaturalizado fuera el desencadenante del envenenamiento masivo de la primavera de 1981 en España. Tal posibilidad ha quedado descartada por los nulos resultados arrojados al respecto tanto por la investigación toxicológica, como por la bioexperimental y también por la epidemiológica.

LOS TOMATES VENENOSOS

Si el aceite no fue el causante de la tragedia, ¿por qué la Administración ha venido fomentando la idea de que fue este agente el que envenenó a tantos administrados? ¿Por qué ha cerrado sus oídos a tantas voces que indicaban —algunas susurrando pero otras gritando— que ese no era el camino y que en cambio había otro que permitía llegar al foco de la epidemia e incluso a la curación de los afectados? En buena lógica, igual daba que la fisura de los controles oficiales quedara descubierta en el negocio del aceite, como en el negocio del tomate. Puestos a tener que reconocer un fallo en el sistema, tanto daba una que otra variante. La única diferencia estriba en que por la vía del aceite solamente se descubre un fraude alimenticio, mientras que por la vía del tomate se descubre una imprudencia temeraria tras la cual se puede esconder un error dirigido. Solamente así se explica la actitud oficial frente a este problema. Como diría en su momento el entonces subsecretario de Sanidad del Ministerio socialista de Ernest Lluch, Dr. Sabando, lo del síndrome tóxico no es un problema del Ministerio de Sanidad, ni de ningún otro Ministerio; es un problema de Guerra, Felipe González, CESID, y luego, por decir algo que lo englobe todo alrededor, digamos KGB-CIA: este es el único problema, y de ahí no lo podemos sacar.

EL ORIGEN DEL DRAMA

Recordemos la historia que llevaba al origen del drama: el 15 de mayo de 1981 el Dr. Antonio Muro y Fernández-Cavada es destituído como vimos de sus funciones de director del Hospital del Rey, a causa de los aciertos evidenciados en la investigación de la etiología del síndrome tóxico. El causante real no debía salir a la luz pública. A partir del mes de julio del mismo año 1981, y llevando ya la investigación de forma privada, el Dr. Muro enuncia su hipótesis de que el síndrome tóxico ha sido causado por un producto fito-sanitario, un organotiofosforado, vehiculizado por una partida de tomates o pimientos. Desde entonces y hasta su muerte en 1985 —de un cáncer de pulmón, al igual que Rosón, que moriría al año siguiente y que era otro de los pocos que estaban perfectamente al corriente de lo que había sucedido— se dedicó sin tregua a estudiar el consumo de tomates en los afectados, a reconstruir la comercialización de los mismos, llegando a localizar —mediante un laborioso proceso de retroceder desde el afectado al productor— al posible agricultor y al posible campo en donde se plantaron. Se había comenzado a desandar el camino que llevaba hacia los organofosforados, como causantes de la intoxicación masiva de la primavera española de 1981.

De acuerdo con las averiguaciones del Dr. Muro, el desencadenante del envenenamiento fue una partida de tomates, cultivados en Roquetas de Mar (Almería), y previamente tratados con un compuesto organotiofosforado, el fenamiphos (comercializado con el nombre de Nemacur), combinado con isofenphos (comercializado con el nombre de Oftanol). Cabe remarcar que el isofenphos es el producto que habría causado la característica neuropatía retardada acusada por los afectados, y que la partículo “tio” (en el compuesto organo-tio-fosforado) alude a la presencia de azufre en la mortal combinación. Combinación por lo tanto fosforada y azufrada. Así lo dejaría escrito el Dr. Muro:

«El nematicida fitosistémico Nemacur-10, prohibido en varios países por su alta peligrosidad, e introducido en España por primera vez pocos meses antes de la epidemia del síndrome tóxico, es un organotiofosforado del grupo fenamiphos (4-[metiltio]-m-toliletil-isopropilamidofosfato) que, de no respetarse sus muy dilatados intervalos de seguridad (mínimo de tres meses), se convierte dentro del fruto en un fitometabolito derivado extraordinariamente agresivo —su toxicidad se potencia unas 700 (setecientas) veces— y cuya composición exacta parece ser alto secreto militar. Las partes fundamentales de su molécula y su acción bloqueante irreversible de la acetilcolinesterasa, explica extraordinariamente bien, pese a los desmentidos globales de la OMS, la patogenia y cuadro clínico observados en el síndrome tóxico. Los tomates contaminados son semiselectos de la variedad ‘lucy’, razón por la cual su consumo no ha afectado a clases o zonas urbanas adineradas.»



ARSENAL QUÍMICO

Aporto estas consideraciones porque se observa —cuando se analiza todo este asunto en detalle— que el pacto de silencio que aquí salta a la vista, sólo puede justificarse por la extrema gravedad de lo realmente ocurrido. Para ello conviene recordar que los organofosforados se hallan en la base del moderno armamento químico como también conviene recordar por qué se estaba demorando el acuerdo de desarme químico entre los Estados Unidos y la Unión Soviética:

la creación del arma química binaria hace imposible cualquier tipo de control internacional, debido a que su producción puede ser organizada secretamente incorporándola en cualquier empresa química privada. Implica la experimentación con nuevos tipos de agentes químicos en la industria de herbicidas, entre otras, existiendo la posibilidad de evitar las inspecciones en las unidades y empresas que pertenezcan a sociedades privadas o multinacionales. Cabe señalar que Nemacur y Oftanol son productos de la multinacional Bayer. Es importante por lo tanto que al enjuiciar lo sucedido en España con el síndrome tóxico, se tenga presente que la industria química privada multinacional ofrece la única posibilidad de ensayo impune en el supuesto de un acuerdo internacional de suspensión de la experimentación y almacenamiento de armamento químico


Esto lo sabía perfectamente Juan José Rosón, al igual que cabe suponer lo saben perfectamente el teniente general Emilio Alonso Manglano, el coronel Catalá y el general Cassinello, por citar solamente a algunos conocedores del tema.

1 Actualmente sabemos que los muertos son más de 1.100, según datos de la OCU. [subir]

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Extracto de una entrevista realizada al Dr. Frontela (octubre 2011) :
—Usted afirmó que el síndrome tóxico no se debió al aceite de colza, sino a la ingesta de plaguicidas. ¿Por qué no le hicieron caso?

—No sé por qué, pero puedo decir que llamé al profesor Vetorazi, secretario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando descubrí que no era el aceite de colza. En esa conversación, que tengo grabada, él me contestó que ya lo sabía. ¿Ah?


Andreas FABER-KAISER, 1988.


PACTO DE SILENCIO

Editorial: Compañía General de las Letras S. A.
Fecha de publicación: marzo de 1988

Artículo relacionado: La mentira del aceite de colza.
SINOPSIS:

Pacto de Silencio, libro citado en los sumarios del Juicio del Síndrome Tóxico, denuncia y documenta que el aceite de colza no pudo ser el causante de la intoxicación colectiva del Síndrome Tóxico, y que muchos de los afectados podrían estar curados si no se hubiera ocultado la verdadera causa de la intoxicación.

La lectura de la sentencia hizo referencia al libro Pacto de Silencio, afirmando de él que había sido patrocinado por los abogados de la Defensa. Por esta falsa afirmación, Andreas Faber-Kaiser expresó su intención a los medios de comunicación de cursar la correspondiente denuncia contra el Tribunal.

Sirva este brevísimo guión para dar una idea fugaz de parte de cuanto en el libro se aborda con rigor documental y profusión de datos contrastados:

Los primeros casos se detectan a principios de mayo de 1981, afectando rápidamente a un creciente n° de individuos.

El gobierno anuncia por TVE que la culpa de todo la tiene una partida de aceite de colza desnaturalizado, distribuido en venta ambulante.

Otros investigadores siguen una pista distinta que tiene su punto de partida en una combinación insecticida, concretamente un combinado nematicida organotiofosforado que envenenó a las más de 60.000 víctimas (más de 700 de ellas murieron) al consumir éstas tomates de una determinada partida tratada con el aludido insecticida.

Por lo menos desde finales de junio de 1981, el gobierno estaba suficientemente informado de que no era posible que el aceite fuera el causante de la epidemia. Meses más tarde, pero siempre dentro del mismo año 1981, el Ministerio de Sanidad queda ampliamente informado de la posibilidad de que determinado insecticida organotiofosforado podría haber desencadenado la nueva enfermedad.

Ocho meses después de aparecer el primer caso de síndrome tóxico, un médico militar, el teniente coronel Luís Sánchez-Monje Montero, envía al gobierno, al INSALUD, para que lo leyera el Dr. Luís Valenciano, a la sazón Director General de la Salud Pública, un informe en el que afirmaba que el origen de la grave enfermedad radicaba en un veneno que bloqueaba la colinesterasa, y en que explicaba como había que curar a los enfermos.

Más adelante definiría este veneno como un compuesto organofosforado. El doctor Sánchez-Monje ya había curado para entonces particularmente a unos cuantos afectados. Pero nadie reacciona en el INSALUD ni en la Dirección general de la Salud Pública.

El Dr. Sánchez-Monje envía también un informe sobre sus evaluaciones y curaciones a la publicación especializada «Tribuna Médica», que lo reproduce en la página 8 de su número 937, correspondiente al 19 de marzo de 1982. Nadie, ni desde el INSALUD ni desde el Ministerio de Sanidad, se acercó a ver que más tenía que decir el único médico español que había logrado salvar vidas y aliviar a enfermos de la masiva intoxicación.

Cuando el Ministerio de Sanidad todavía seguía dictando que el origen de la enfermedad había que buscarla en un micoplasma, de transmisión aérea, y de entrada en el organismo por vía respiratoria, el Dr. Antonio Muro y Fernández Cavada, director en funciones del Hospital del Rey en Madrid, ya afirmaba el 10 de mayo de 1981 —a los 10 días de detectada la enfermedad— que eso era imposible, y que la vía de transmisión era necesariamente —dadas la características de la sintomatología— la digestiva. El 13 de mayo de 1981, desesperado por que las altas instancias sanitarias del país hacían caso omiso de sus indicaciones acerca de como había que llevar la investigación, se lanzó a predecir nuevos focos de afectados:

dado que había seguido la pista de la enfermedad y había logrado dar con la red de distribución del producto venenoso, notificó el 13 de mayo a los doctores Munuera y Cañada —subdirector general de Programas de Sanidad— dónde exactamente iba a aparecer nuevos casos de afectados al día siguiente, con especificación de poblaciones y de calles. Al día siguiente, 14 de mayo, aparecieron efectiva y puntualmente estos nuevos afectados, en las poblaciones y en las calles indicadas por el Dr. Muro. Al día siguiente, 15 de mayo, un telegrama del Ministerio de Sanidad ordenaba el cese fulminante del Dr. Antonio Muro y Fernández-Cavada de su puesto de director en funciones del Hospital del rey.

Datos que indican que no pudo ser el aceite:

Uno de los pilares en los que basan su acusación quienes argumentan que el origen del síndrome tóxico radica en el aceite de colza desnaturalizado, es el hecho —dicen ellos— de que la enfermedad comienza a decaer desde el momento en que deja de ser consumido el aceite sospechoso: el 10 de junio de 1981 se anuncia por primera vez por TVE la posible relación de unos aceites sospechosos con el origen de la enfermedad. El 17 de junio se da la orden de retirada de estos aceites sospechosos. Y el 30 de junio de 1981 comienza la operación efectiva de canje de los mismos por aceite puro de oliva. A partir de este día, según la tesis oficial, comienza a remitir la curva de incidencia de entrada de nuevos enfermos en los hospitales. Pero esta opinión oficial está falseada. Porque observando la curva real de dicha incidencia, la enfermedad —el ingreso de nuevos enfermos en centros hospitalarios— decae espontánea y verticalmente a partir del 30 de mayo, o sea un mes antes de que a la gente se le quitara el aceite presuntamente tóxico.

Si fuera el aceite el causante ¿Como se explica la discriminación intrafamiliar? ¿Y la interfamiliar? Es sabido que el «garrafista» ha vendido a bloques enteros de vecinos, y solamente han enfermado por ejemplo los del 2° A, los del 7° F y los del 1° B, mientras que el resto permanecen sanos, a pesar de que las garrafas se habían llenado en el mismo momento, del mismo tanque, y fueron vendidas el mismo día.

Resulta curioso que en Catalunya, a pesar de haberse comercializado aceite fraudulento, que fue declarado como aceite tóxico, por una cantidad que superaba los 350.000 kilos, y haberse vendido al público durante varios meses de 1981, no se tiene constancia de la existencia de ningún afectado original de la zona catalana. Lo más sorprendente del caso es que una de estas marcas, concretamente «El Olivo», fue también distribuida en Castilla, sobretodo en Madrid capital y poblaciones limítrofes. Este aceite oriundo de Catalunya, en donde no provocó ningún afectado, al ser consumido en Madrid provoca automáticamente afectación.

La Síndrome Tòxica22022009




CAMBIO 16 RECIBIO UNA DEMANDA DE 2000 MILLONES PESETAS POR LA BAYER …..que ACABO CERRANDO



Extracto DE PROGRAMA RADIO:

«… Mientras la ciencia al cabo de tres meses ya sabía que el origen de la tragedia no podía estar en el aceite de colza, el poder acusaba y encarcelaba únicamente a los industriales del aceite de colza. Mientras la ciencia al cabo de ocho meses ya sabía cómo curar a los afectados, el poder ocultaba a más de 25.000 enfermos la posibilidad de curarse.

En la primavera del año 1981 fueron envenenados más de 25.000 españoles. Más de 650 han muerto. Desde entonces y hasta hoy, los gobiernos de la UCD y el PSOE han basado sus esfuerzos en impedir que el auténtico criminal salga a la luz pública. Se debían borrar por todos los medios posibles las trazas que conducían al origen de la intoxicación. Se llegó así a un oscuro montaje, por parte de los diferentes sectores del poder y de los servicios de inteligencia, para conformar el efectivo pacto de silencio que debía evitar que se supiera que aquí se aplicó a seres humanos una nueva combinación química, aplicable en el futuro a una posible guerra química… »

Invitados: 
Maria Jesús Clavera, María del Mar Yanini, Jesús Castrillo, Javier Martínez Ruiz

Fecha emisión: 01/09/1991, 24:00-02:00

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«El nematicida fitosistémico Nemacur-10, prohibido en varios países por su alta peligrosidad, e introducido en España por primera vez pocos meses antes de la epidemia del síndrome tóxico, es un organotiofosforado del grupo fenamiphos (4-[metiltio]-m-toliletil-isopropilamidofosfato) que, de no respetarse sus muy dilatados intervalos de seguridad (mínimo de tres meses), se convierte dentro del fruto en un fitometabolito derivado extraordinariamente agresivo -su toxicidad se potencia unas 700 (setecientas) veces- y cuya composición exacta parece ser alto secreto militar. Las partes fundamentales de su molécula y su acción bloqueante irreversible de la acetilcolinesterasa, explica extraordinariamente bien, pese a los desmentidos globales de la OMS, la patogenia y cuadro clínico observados en el síndrome tóxico. Los tomates contaminados son semiselectos de la variedad ‘lucy’, razón por la cual su consumo no ha afectado a clases o zonas urbanas adineradas».



Arsenal químico.
Aporto estas consideraciones porque se observa -cuando se analiza todo este asunto en detalle- que el pacto de silencio que aquí salta a la vista, sólo puede justificarse por la extrema gravedad de lo realmente ocurrido. Para ello conviene recordar que los organofosforados se hallan en la base del moderno armamento químico como también conviene recordar por qué se estaba demorando el acuerdo de desarme químico entre los Estados Unidos y la Unión Soviética:

la creación del arma química binaria hace imposible cualquier tipo

EL SÍNDROME TÓXICO
El caso de Nemacur de Bayer
y el montaje del aceite de colza

Índice de materias:

Primeros artículos críticos.

Crítica a la versión oficial.

Entrevistas a científicos.

La sentencia y sus contradicciones.

Las indemnizaciones.

Últimos descubrimientos.

Publicaciones y contactos


 
Este es un caso más de como los tribunales de justicia son utilizados como marionetas cuando conviene tapar las actividades de una multinacional, de una agencia de inteligencia, de un gobierno, de la policía… o de quienes tienen el poder de utilizar a todos ellos.Después de los medios de comunicación, los tribunales de justicia parecen ser los más vulnerables a las presiones derivadas de un montaje como el del aceite de colza en 1981 en España.
Primeros artículos críticos
Diario Ya. Domingo, 12 de mayo de 1981.
La neumonía atípica.
Doctor A. Peralta Serrano.
Protesta ante las declaraciones alarmistas del secretario de Estado para la sanidad, doctor Sánchez Harguindey, acerca de los casos de neumonía atípica aparecidos en los alrededores de Madrid. Análisis de la neumonía atípica en función de los habituales casos de neumonía que se producen en esta época del año. Posibilidad de que la enfermedad se produzca debido a una intoxicación.
El País. Miércoles, 23 de septiembre de 1981.
Una nueva hipótesis sobre el envenenamiento por aceite de colza adulterado.
Fernando Montoro y Concepción Sáenz Laín.
Estudio de los diferentes elementos que oficialmente son considerados causantes del síndrome tóxico, que son descartados. Se formula una hipótesis de trabajo, según la cual las aflatoxinas pueden ser la causa de la intoxicación; hipótesis que las autoridades deben tener en consideración.
Diario 16. Martes, 2 de octubre de 1984.
«Es imposible que el aceite pueda ser la causa del síndrome tóxico».
Aurora Moya.
Declaraciones de los doctores Javier Martínez Ruiz y María Jesús Clavera Ortiz, que fueron cesados de la Comisión Epidemiológica del Síndrome Tóxico. Afirman que las investigaciones del doctor Antonio Muro, que descartan el aceite como origen del síndrome y inculpan a los tomates y las ensaladas, las han podido verificar. Crítica de los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que comete falsedades constatables.
Diario 16. Domingo, 2 de diciembre de 1984.
Nuevas investigaciones señalan a un insecticida como verdadero causante del síndrome tóxico.
Gloria Díez.
El doctor Luís Frontela, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Sevilla, reproduce en su laboratorio los síntomas del síndrome tóxico aplicando un pesticida organofosforado. Los experimentos con animales usando el aceite adulterado demuestran que éste sólo los engorda. Quejas por la nula receptividad de la administración española a estos trabajos.
Diario 16. Lunes, 3 de diciembre de 1984.
Cada vez más científicos afirman que el síndrome tóxico no fue causado por el aceite de colza.
Gustavo Catalán.
Los doctores Antonio Muro y Luís Frontela investigan por separado la causa del síndrome tóxico y llegan a la misma conclusión de que es el insecticida Nemacur el causante. El doctor José Baguena acusa a otro insectida. Los doctores Francisco Javier Martínez Ruiz y María Jesús Clavera Ortiz deducen igualmente que el aceite adulterado no puede ser la causa.
Cambio 16. Número 681. 17-24 de diciembre de 1984.
Según nuevas investigaciones científicas un producto Bayer envenenó España.
Detalles de las investigaciones que demuestran que fue el «Nemacur», un producto de la firma Bayer usado en agricultura para matar parásitos, el causante del Síndrome.
Cambio 16. Número 801. 6 de abril de 1987.
Yo investigué el síndrome tóxico.
Rafael Cid, periodista de investigación.
Relación de los contactos realizados por el periodista Rafael Cid con algunos de los investigadores del Síndrome Tóxico. Exposición de datos que contradicen la versión oficial del aceite de colza. La exposición de los datos contradictorios con la causalidad de la colza y el papel de los disidentes a la versión oficial se exponen con menos entusiasmo que en otros artículos. Relación de los protagonistas de la investigación.
Integral. Número 107. Volumen 1. Noviembre del 1988.
Aceite, la solución más ligera.
Equipo de Análisis Ecológicos.
Cronología de los hechos. Análisis de las diferentes hipótesis relacionadas con el Síndrome Tóxico: aceite, plaguicida y arma química. La dimensión política del síndrome tóxico. Los intereses creados en el Estado español en relación con el Síndrome Tóxico. Reflexiones previas a la sentencia.
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Crítica a la versión oficial
La ocultación de la verdadera causa del Síndrome Tóxico impidió la curación de miles de españoles.
Andreas Faber-Kaiser.
Mientras la Ciencia a los 3 meses ya sabía que no podía ser el aceite de colza, el Poder acusaba y encarcelaba a los industriales del aceite de colza. Mientras la Ciencia a los 8 meses ya sabía cómo curar a los afectados, el Poder ocultaba a más de 60.000 enfermos la posibilidad de su curación.
El montaje del Síndrome Tóxico (Castellano). (Català).
Rafael Cid. Periodista de investigación.
Experiencia de este periodista con el científico Gastón Vettorazi, que señaló a los pesticidas como causantes de la epidemia. Un informe redactado por un equipo del CESID apuntó la causa a un ensayo de guerra bacteriológica.
El montaje del Síndrome Tóxico. 2ª parte (Castellano). (Català).
Gudrun Greunke. Periodista de investigación.
Jörg Heimbrecht. Escritor. Diplomado en Química.
Después de sus investigaciones puede descartarse que el Síndrome Tóxico tenga algo que ver con cualquier aceite. Con numerosos documentos pueden demostrar la epidemia por pesticidas organofosforados.
Síndrome Tóxico: la mentira aún pervive (Castellano). (Català).
Alfons Serra. Investigador.
En este artículo se apunta a los productos Nemacur-10 y Oftanol como causantes del Síndrome, ambos fabricados por la casa Bayer.
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Entrevistas a científicos
Cambio 16. Número 688. 4-11 de febrero de 1985.
«El doctor Muro merece un homenaje».
Rafael Cid, periodista de investigación.
Entrevista a Francisco Martín Samos, alto funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera que las investigaciones oficiales del Plan Nacional del Síndrome Tóxico han ido más encaminadas a buscar un responsable que a encontrar las verdaderas raíces de la catástrofe. Coincide con la teoría del doctor Muro que relaciona el Síndrome Tóxico con organofosforados debido a la coincidencia de los casos en el Estado español con otros casos de intoxicación debido a dicha sustancia. Coincidencias entre el Síndrome Tóxico y la talidomida.
Cambio 16. Número 689. 11-18 de febrero de 1985.
Cambio 16. Página 45. 25 de febrero, 4 de marzo de 1985.
No hay datos para asegurar que el aceite de colza provocó el síndrome tóxico.
Rafael Cid, periodista de investigación.
Entrevista a Gaston Vettorazzi, alto cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera que la investigación realizada en el Estado español no ofrece garantias de demostrar que la causa del Síndrome Tóxico fuera el aceite de colza. La OMS convoca una reunión para estudiar el síndrome, después de recibir estudios críticos. Posterior puntualización de Gaston Vettorazzi.
Pacto de silencio.
La última entrevista al Doctor Muro.
Andreas Faber-Kaiser.
Entrevista al Doctor Muro, 48 horas antes de morir, a Radiocadena española. El Doctor Muro es el científico que investigó detalladamente personas afectadas del síndrome tóxico y dedujo que la causa de su mal eran pesticidas organofosforados. Denuncia de los presuntos estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que afirman que la causa fue el aceite de colza. Denuncia a la revista Lancet, que solamente publicó artículos que encausaban al aceite. Afirma que compró Nemacur en Barcelona, a pesar que el ministro de sanidad Ernest Lluch dijo que se había retirado por su toxicidad y que no tenía relación con el síndrome.
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La sentencia y sus contradicciones
Cambio 16. 30 de marzo de 1987. Número 800.
Juicio de la Colza. Kafka en la Casa de Campo.
Análisis de las investigaciones del síndrome tóxico ante el juicio que se celebra el 30 de marzo de 1987. Las cifras del proceso. Las investigaciones oficiales, a pesar de centrarse solamente en el aceite de colza no han podido demostrar la causalidad del mismo. Existencia de investigaciones alternativas, basadas en pesticidas organofosforados, frenadas por parte de la administración. El síndrome en el pueblo de Escobar de Campos.
No fué el aceite (Castellano). (Català).
Lluís Botinas. Coordinador de la asociación C.O.B.R.A..
Detallado artículo que analiza todos los aspectos de la sentencia del caso del Síndrome Tóxico, demostrando que la versión oficial del aceite de colza no es sostenible y si en cambio la hipótesis de intoxicación por pesticidas organofosforados.
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Las indemnizaciones
El estado no paga a los afectados del Síndrome Tóxico (Castellano). (Català).
A 31 de diciembre de 1999, solamente el 11% de los afectados por el Síndrome Tóxico de 1981 había recibido su correspondiente ayuda económica debida por el Estado español.
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Últimos descubrimientos
«The Ecologist» en castellano. Octubre del 2000.
La gran farsa de la colza.
Guillermo Caba.
Relato de las investigaciones de los científicos que descubrieron la causa del Síndrome Tóxico bajo la forma de pesticidas de la casa Bayer. El ostracismo lanzado a estos científicos y las investigaciones manipuladas de los servicios de inteligencia españoles y estadounidenses. Las aberraciones de la explicación oficial que atribuye la causa al aceite de colza. Coincidencia de las fórmulas de los pesticidas con armas químicas.
 
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Detrás de la colza.
Vicente Granero Moré. Miguel Ángel Pérez Heredia.
Este libro reúne todo lo que ocurrió realmente desde mayo de 1981 hasta el momento de su edición, reflejándose todas las teorías, incidencias, patologías sufridas por los enfermos, las resoluciones judiciales, la actuación de la Administración y el tratamiento de la enfermedad, así como el angustioso y largo camino que padecen los afectados para acceder a las indemnizaciones, a las que legalmente tienen derecho.